Buenas noches, amigos del templo de Seshat. Un trimestre más volvemos a tener disponible para descargar gratuitamente la revista on line Egiptología 2.0. Con este ya son quince números, y muy pronto haremos el cuarto aniversario. Gracias por vuestro apoyo.
En este número de abril he escrito un artículo sobre la cocina en el antiguo Egipto, pero también podéis leer otros muy interesantes sobre el Juicio de Osiris, el templo de Nefertari en Abu Simbel, una entrevista al egiptólogo José Miguel Parra, o cómo era la religiosidad egipcia.
Para descargar la revista sólo tenéis que pinchar Aquí. Que disfrutéis de la lectura.
Buenos días, amigos. En esta entrada os traigo mi última colaboración con el programa de Juan Ramón Ortega, Istopia Historia, en radio Iznájar. En este programa hemos estado hablando sobre el Periodo Predinástico, el rey Narmer y el llamado Rey Escorpión, de los cuales también podéis leer dos artículos en el blog.
Juan Ramón Ortega presenta el programa de historia de Radio Iznájar, Istopia Historia. Esta semana con Isabel Bueno conocemos a Malinche, un personaje poco conocido pero muy relevante en la conquista de México; Javier Ramos nos acerca a la historia y curiosidades del circo; finalmente, viajamos a Egipto con María Isabel Cubas para conocer más sobre la vida del rey Escorpión.
Paleta de Narmer
Podéis escuchar y descargar este programa y otros en este enlace de Ivoox: Istopia Historia nº 86. Espero que os guste.
Buenas noches, amigos del templo de Seshat. Como quizás sepáis, hace casi un año que vivo en Edimburgo, Escocia.
Recientemente, en concreto el 8 de febrero, el National Museum of Scotland volvió a abrir las salas dedicadas al antiguo Egipto, al este asiático y a la cerámica, después de una renovación en la que ha invertido 90 millones de euros.
National Museum of Scotland. Fuente: masedimburgo,com
Este museo posee una amplia colección de objetos, destacando los dedicados a la historia de Escocia (Scottish history and archaeology), pero también podemos ver a lo largo de sus cinco niveles:
Natural world: animales de todo tipo, desde los extintos dinosaurios, hasta la oveja Dolly disecada.
Science and technology: esta zona está dedicada a la ciencia y tecnología. Podemos ver una antigua locomotora, avionetas y viejas cabinas telefónicas, entre otras muchas cosas.
Art and design, el museo cuenta con una obra de Picasso, muebles de varias épocas, arte contemporáneo y joyería art nouveau.
World cultures: en el nivel cinco, en la que se encuentra la muestra dedicada al antiguo Egipto, llamada "El antiguo Egipto redescubierto", y que fue el principal motivo de mi visita.
Si estáis pensando en visitar este museo, os interesará saber que la entrada es gratuita, aunque aceptan donativos, y abre todos los días de 10 a 17 horas, excepto en Navidad. Está situado en Chambers Street, frente a la estatua del famoso perrito Bobby.
Oveja Dolly
El antiguo Egipto redescubierto
En el nivel cinco del museo nos encontramos la sala dedicada a la colección egipcia, que como he dicho ha sido recientemente renovada. Entre las novedades destaca la polémica piedra de la pirámide de Keops, de la que ahora hablaré.
Lo más adecuado es empezar la visita por nuestra izquierda, ya que las distintas vitrinas están colocadas así de manera cronológica, empezando por el Egipto predinástico y terminando por el periodo romano. En medio de este recorrido podremos ver un vídeo explicativo sobre el desarrollo de la historia de Egipto, en inglés. Por suerte yo he ido un miércoles y aunque la sala era de las más concurridas se podían ver las vitrinas sin aglomeraciones ni empujones.
En las primeras vitrinas por la izquierda nos encontramos con una muestra de cerámicas predinásticas, paletas (incluida una reproducción de la de Narmer) y pequeños objetos con las primeras muestras de escritura jeroglífica.
A continuación, como nos explican los carteles, pasamos a la época de las pirámides, el Reino Antiguo.
Aquí la pieza más destacada es una de las piedras calizas que formaban parte del recubrimiento de la pirámide de Keops. Al parecer, fue llevada a Escocia en el siglo XIX con el permiso del virrey de Egipto, según afirman los escoceses. Por tanto, esto terminaría con la polémica de una supuesta salida ilegal del país, a la que los egipcios se agarraron para reclamar la vuelta de la piedra cuando, con motivo de esta reapertura, se descubrió su ubicación.
La piedra, de casi trescientos kilos, fue descubierta por el ingeniero británico Waynman Dixon, que trabajaba para Charles Piazzi Smyth, astrónomo real de Escocia, quien dirigió junto a su esposa el primer estudio sobre la Gran pirámide. Precisamente junto a la piedra podemos ver los instrumentos que usó para dicho estudio, además de herramientas antiguas usadas por los egipcios.
Tras el Primer Periodo Intermedio, pasamos a la considerada edad clásica por los antiguos egipcios, el Reino Medio. Los carteles nos hablan de Mentuhotep II como el reunificador de un Egipto que había estado dividido por el poder. La llegada de gentes de Asia al valle del Nilo, los hyksos, iniciaría una nueva época de revueltas y conflictos.
Utensilios de escritura, sellos y ostrakon. Durante el Reino Medio se escribió el famoso cuento de Sinuhé
Estatua de escriba
Las siguientes vitrinas nos llevan a la edad imperial, el Reino Nuevo, con faraones como Tutmosis III o Ramsés II. En esta sección nos encontramos con más objetos de la vida cotidiana, como objetos de belleza, juguetes infantiles hallados en Deir el-Medina, un precioso senet o muebles.
Espejos, peine, cuchillas y cajas de cosméticos
Ataúd de niña, representada como adulta
Ratón de juguete, pelota y peonza
Otros objetos que podemos admirar en la colección son varios ushebtis, estelas y figurillas de dioses, además de la hermosa copia del busto de Nefertiti (bastante lograda) y un posible anillo de esta reina, junto con algunas piezas de época amarniense, como una estela en la que Atón aún aparece representado en su forma mixta de cuerpo humano y cabeza de halcón, que posteriormente se cambiaría por la más conocida del disco solar del que brotan manos con ankhs.
Ushebtis, vaso canopo y caja para ushebtis
Fragmentos del Libro de los muertos del visir Useramón
Copia del busto de Nefertiti
La ruta a través de la historia del antiguo Egipto nos lleva a las vitrinas con objetos del periodo en que Egipto fue gobernado por faraones extranjeros, como los nubios, o la conquista asiria y persa.
Ataúdes y vasos canopos
Ataúd de Khnumhotep. Reino Medio
Finalmente, llegamos a la dinastía ptolemaica, de origen griego, que gobernó Egipto tras la llegada de Alejandro Magno, quien expulsó a los persas. Aquí nos encontramos con varios ejemplares de momias tanto animales como humanas, pequeñas estatuas del dios grecoegipcio Serapis, fragmentos de relieves de faraones y ataúdes como el de dos niñas, único en su género, o una momia de hombre con un retrato del estilo El Fayum, del que ya os hablé en el blog.
Nectanebo II, último faraón egipcio
Momia de un hombre, con uno de los llamados retratos de El Fayum
En resumen, "El antiguo Egipto redescubierto" nos ofrece un viaje por la cronología del antiguo Egipto desde sus comienzos hasta la conquista romana mediante una serie de interesantes piezas, acompañadas de carteles (aunque solo en inglés) que nos explican brevemente el contexto histórico. Aunque no sean objetos tan numerosos como en otros museos, son de gran calidad, y representan los distintos periodos de la historia egipcia, así como el mundo funerario, religioso y de la vida cotidiana.
En mi opinión. es una visita muy recomendable, que podéis recordar para siempre ya sea tomando fotos (está permitido), o adquieriendo algún souvenir en la tienda del museo, como hice yo.
Buenas tardes, amigos del templo de Seshat. En esta nueva entrada del blog os traigo la reseña de una novela del egiptólogo y escritor español Nacho Ares, La hija del sol.
Sinopsis
Egipto, 1350 a.C. Con el fin de terminar con los privilegios de un clero corrupto, el faraón Akhenatón, apoyado por su hermana, la bella y sabia Isis, decide buscar otra capital para el reino e instaurar un nuevo culto al dios Atón.
Pero algunos sacerdotes no están dispuestos a aceptar de buen grado el fin de su poder y usan su rencor venenoso contra las personas más cercanas al monarca y a su esposa, la hermosa Nefertiti. A partir de entonces, las muertes en el entorno real se suceden, sembrando el caos en una corte cada vez más dividida y provocando una oleada de terror que solo alguien con la lucidez y el valor de Isis podrá detener.
Sobre el autor:
Nacho Ares nació en León en 1970 y es licenciado en Historia Antigua por la Universidad de Valladolid. También cursó estudios de Egiptología en la Universidad de Manchester. Es autor de varias novelas y libros de divulgación sobre el antiguo Egipto, además de colaborador del programa Cuarto Milenio y presentador del programa de radio Ser Historia.
Presentación de La hija del sol en Madrid, 2017
Opinión personal:
Mucho se ha escrito sobre el periodo más polémico del antiguo Egipto: la revolución religiosa del misterioso Akhenatón y su esposa, Nefertiti. La novedad que nos presenta Nacho Ares en su novela es que la trama no está protagonizada por ellos, sino por un personaje que, si bien es histórico, apenas ha dejado rastro arqueológico, Isis. Esta mujer fue hermana de Akhenatón, ya que fue hija del matrimonio formado por el faraón Amenhotep III y su Gran Esposa Real, Tiyi. Junto a otras de sus hermanas contrajo matrimonio con su progenitor, convirtiéndose también en reina.
Isis aparece junto a sus padres en esta colosal estatua del Museo de El Cairo
La novela comienza con la muerte del poderoso faraón Amenhotep III, quien gobernó un Egipto rico y próspero. Aunque según recientes hallazgos arqueológicos puede que su reinado no fuera tan perfecto como se pensaba, ya que se han encontrado multitud de estatuas de la diosa Sekhmet pertenecientes a su época. Esto ha sido interpretado por los egiptólogos como un intento por aplacar a la diosa de la guerra y la medicina, que habría desatado una epidemia devastadora en la capital, Tebas.
Conocedor de estos hallazgos, Ares le da una gran importancia en la trama a esta epidemia de orígenes aún desconocidos, que algunos expertos creen que habría sido uno de los motivos que llevaron al faraón hereje a cambiar la ubicación de la capital de su reino.
Restos de estatuas de Sekhmet hallados en Luxor, de tiempos de Amenhotep III
La rivalidad entre el faraón y el poderosísimo clero de Amón en Tebas es evidente desde el primer momento, por lo que Isis apoyará a su hermano Akhenatón en sus planes revolucionarios para recortar drásticamente la influencia y los privilegios de los sacerdotes; sobre todo cuando el clero tebano, representado en la novela por dos ambiciosos sacerdotes, Merira y Djehuty, intentan aprovechar los estragos de la plaga en su beneficio, para desprestigiar al nuevo faraón, que parece tener una especial predilección por el disco solar, Atón, en detrimento del todopoderoso Amón. Para ello no dudarán en asesinar a altos personajes de la administración y a todo aquel que no muestre una absoluta fidelidad a Amón.
Sin embargo, llevado no solo por sus deseos de frenar a los ambiciosos sacerdotes tebanos, sino por su verdadera devoción a Atón, el recién bautizado como Akhenatón traslada la capital a Amarna, después de una visión en la que el mismo dios se le aparece. El apoyo de Isis, su querida hermana, parece fundamental para el faraón en todas las importantes decisiones que va tomando a lo largo de su reinado. Esto, en mi opinión, es uno de los inconvenientes de la novela, ya que para darle mayor relevancia a la participación de esta casi desconocida Isis en la trama, se le quita importancia a otras dos importantes mujeres de este periodo, que sin duda debieron de participar en la "revolución de Amarna" más de lo que la novela nos deja ver: La reina Tiyi y la famosa Nefertiti.
Y es que como la arqueología está demostrando, el papel político y religioso de Nefertiti fue clave en estos años, lejos del papel que tradicionalmente se le había dado de ser solo una hermosa reina, en parte gracias, o por culpa, de su magnífico busto.
Esto se va haciendo más evidente a medida que avanza la novela. El faraón Akhenatón se va radicalizando en sus ideas, ya que piensa (no sin razón) que hay partidarios del antiguo dios Amón infiltrados entre la población de la nueva capital. Su deseo de controlar a estos traidores le llevará a ser más intransigente no ya solo con Amón, el prohibido, sino con los otros dioses también. Pero esto solo causará el rechazo de sus ciudadanos y el creciente anhelo de volver a la tradición. La pérdida de popularidad del faraón no solo entre sus súbditos, sino entre sus propios consejeros harán que, desde la sombra, la sabia Isis tenga que tomar decisiones fundamentales para la continuidad de la revolución atoniana y de su hermano en el trono, las cuales, en ocasiones, afectan directamente a la propia Nefertiti sin que esta ni siquiera diga nada.
No obstante, la decadencia del "Horizonte de Atón" será cada vez más evidente, y ni siquiera Isis, experta en magia, podrá detener el desenlace que todos conocemos.
Reciente reconstrucción de la momia "Young lady", posible momia de Nefertiti
Nacho Ares nos trae en esta novela la historia de una mujer inteligente y astuta que, aunque siempre permanece en un segundo plano, es responsable de importantes decisiones para el futuro de su familia y de la historia de Egipto.
Para mi gusto, el principal defecto de la novela es ningunear a personajes históricos femeninos que realmente tuvieron un gran protagonismo en esta etapa para beneficiar el desarrollo de un personaje del que apenas se sabe su nombre y su título como reina de Amenhotep III. Por otra parte, como podría esperarse de un egiptólogo, la novela nos va narrando los hechos históricos reales que la mayoría conocemos, y nos aporta información sobre la vida cotidiana, la religión o la magia en el Egipto de Akhenatón.
El reino hitita se fundó a principios o mediados del siglo XVII a.C. en Anatolia (actual Turquía) y duró unos cinco siglos, durante el período conocido como Bronce Tardío, hasta que la llegada de los denominados "Pueblos del mar", entre otros factores, arrasaron con esta civilización como si nunca hubiera existido.
Mapa del imperio hitita. Fuente: Historia National Geographic nº 21
Los hititas no tenían ni una lengua ni un núcleo étnico común, sino que eran una sociedad de carácter multirracial, formada por un cierto número de diferentes elementos étnicos (indoeuropeos, hattianos, hurritas, etc.), y hablaban un cierto número de lenguas diferentes debido a la gran cantidad de prisioneros de guerra procedentes de las campañas militares.
El término "hititia" procede de unas pocas referencias bíblicas a un pueblo cananeo posterior a la Edad del Bronce denominado "hittim" (neohititas).
Ellos se llamaban a sí mismos "Pueblos del País de Hatti"; es decir, nunca utilizaron ningún término étnico o político para designarse a sí mismos, sino que se identificaban por el nombre de la región en que vivían.
Tras la destrucción del imperio hitita hacia 1200 a.C. la cultura hitita perdurará en los llamados reinos neohititas, en el norte de Siria (siglos XII-VII a.C.).
No sería hasta hace unos doscientos años que esta civilización volvería a ser redescubierta por los historiadores, cuando el francés Charles Texier descubrió las ruinas de Hattusa en 1834.
Luchas por el poder
A lo largo de la historia hitita las luchas dinásticas entre los miembros de la familia real fueron frecuentes, llevando a graves crisis durante las cuales la supervivencia de esta civilización estuvo en peligro. Las conspiraciones y asesinatos contra el rey fueron algo habitual.
En esta lista de los reyes hititas especifico quiénes no murieron de forma natural, además de sus años de reinado y su parentesco con el rey anterior.
Fuente: El reino de los hititas. Autora de la lista: Isabel Cubas
El rey Telepinu intentó ponerle solución a estas disputas dinásticas mediante un edicto en el que se establecieron las condiciones de acceso al trono, si bien no fue respetado siempre, como podemos ver en el cuadro anterior:
Entonces yo, Telepinu, convoqué una asamblea en Hattusa (capital del reino hitita). Y desde entonces en Hattusa nadie hace daño a un hijo de la familia real ni desenvaina un puñal contra él. Debe ser rey un príncipe, hijo [de una esposa] del primer rango. Si no hay hijo del primer rango, debe ser un hijo del segundo rango. Pero si no hay hijo del rey como heredero, que se procure un yerno para la hija del primer rango, y éste será rey.
Hattusil III y Urhi Teshub:
A la muerte de Muwatalli II, famoso por haberse enfrentado al faraón Ramsés II en la batalla de Kadesh en 1274 a.C., le sucedería un hijo: el príncipe Urhi Teshub, que reinó entre 1272 y 1267 a.C.
Batalla de Kadesh
Sin embargo, y a pesar del edicto de Telepinu, las cosas no serían tan sencillas, por varios motivos.
El hermano del difunto Muwatalli II, Hattusil, había ido adquiriendo un gran poder y prestigio en vida de su hermano; poco después de su entronización, Muwatalli confirió a su hermano la muy prestigiosa posición de Jefe de la Guardia Real, y le nombró gobernador de las Tierras Altas, de modo que el norte estuviese bien controlado mientras Muwatalli se preparaba para la guerra con los egipcios en el sur. Hattusil también fue nombrado rey en el País de Hakpissa, ciudad estratégicamente situada para poder controlar toda la región septentrional y mantener a raya al enemigo kaska.
Por otra parte, la madrastra del rey Muwatalli, Tanuhepa, probablemente habría intentado reivindicar el derecho al trono de alguno de sus hijos sobre el de Urhi Teshub, hijo de Muwatalli y de alguna de sus concubinas o esposas secundarias. De manera que para asegurarse la sucesión de su hijo antes de marchar a la guerra, Muwatalli II llevó a la reina Tanuhepa a juicio y posteriormente la desterró de la capital, adelantándose a cualquier intento de conspiración o golpe de estado en su ausencia.
Como ya he dicho, Urhi Teshub, quien subió al trono como Mursilis III, no era un hijo de primer rango, puesto que su madre fue probablemente una concubina del rey. Este hecho tuvo como resultado que su tio Hattusil se viera muy tentado a reclamar el trono para sí mismo, además de suponer una excusa para que algunos vasallos se levantaran contra él cuando subió al trono.
No obstante, en un primer momento Hattusil respetó la voluntad de su hermano:
Por la estima a mi hermano, yo no hice mal contra él. Y puesto que no dejó un hijo de primer rango, yo tomé a Urhi Teshub, el hijo de una concubina (por él) y lo coloqué en el trono de Hatti. Yo puse a toda Hattusa en sus manos y él fue Gran Rey en las tierras de Hatti.
Es decir, Hattusil proclamaba con estas palabras que si su sobrino, hijo de segundo rango (algo así como un bastardo) era rey, fue solo gracias a él. Quizás por esto Urhi Teshub adoptó el nombre de su abuelo, Mursilis, para entronizarse, realzando su posición a los ojos de sus súbditos con tan prestigioso nombre; aunque Hattusil y su sucesor le seguirán llamando Urhi Teshub, negándole el real nombre de Mursilis III.
A pesar de su aparente lealtad, para un hombre como Hattusil debió de resultar muy duro aceptar quedarse a un lado mientras el hijo de una concubina reinaba. Aunque es evidente que la influencia del tío siempre estuvo presente en los actos llevados a cabo por el sobrino durante el tiempo que vivieron en armonía y trabajaron juntos.
Finalmente, y de manera inevitable, la relación entre ambos fue haciéndose cada vez más tensa. Hattusil nos ha dejado su versión de los hechos; la única que tenemos, dado que fue el vencedor del conflicto. Achaca todo a la creciente envidia de su sobrino, que le trató injustamente a pesar de deberle el trono, y su victoria final al favor de los dioses:
Urhi Teshub me perjudicó y vosotros me perjudicasteis y yo os vencí. Unos me apoyaron a mí; otros apoyaron a Urhi Teshub. Yo le derroté y luego unifiqué a la población ¿He perjudicado a alguien? Urhi Teshub era hijo de mi hermano y cuando mi hermano murió, le tomé y le instalé en el trono y le fui leal, pero comenzó a humillarme para rebajarme.
Creyendo que contaba con el apoyo de los dioses, especialmente después de recuperar de nuevo la ciudad santa hitita de Nerik, y consciente del apoyo personal que tenía en el reino, además de comprobar cómo su sobrino poco a poco tomaba sus propias decisiones, Hattusil decidió dar un golpe de estado. Aunque se encargó de no presentar el conflicto como una rebelión, sino como una "respuesta legal" ante la actitud injusta de su sobrino.
Sello de Hattusil III
El exilio de Urhi Teshub:
Tras ser derrotado en las Tierras Altas, y una vez que su tío ascendió al trono, Urhi Teshub, que aún contaba con algún apoyo, fue enviado a un "honorable exilio" lejos de la capital, en Nuhasse (Siria). Fue nombrado gobernador de algunas ciudades fortificadas para mantenerlo ocupado; pero Urhi Teshub no se dio por vencido y, aun en su exilio, intentó buscar el apoyo de Babilonia y los asirios. Prevenido, Hattusil pensó en enviar a su sobrino aún más lejos (Chipre), pero de alguna manera consiguió escapar y fue a refugiarse en la corte del que había sido el mayor enemigo de su padre: Ramsés II. El faraón se negó a extraditarle, a pesar de la petición del nuevo rey hitita, y nunca más se supo nada de Urhi Teshub.
Ramsés II recibe en su palacio a una comitiva hitita
Aunque la palabra "egiptomanía" no está reconocida por el diccionario de la Real Academia de la lengua española (y algunos prefieren usar "egiptofilia"), todo el mundo ha escuchado alguna vez en su vida esta palabra. La egiptomanía va mucho más allá de coleccionar figuritas de Tutankhamón; la propia historia de su origen y desarrollo es muy interesante.
Orígenes de la egiptomanía: Grecia y Roma
A pesar de que, evidentemente, no es lo mismo ser egiptomaníaco que egiptólogo, la pasión por todo aquello relacionado por el antiguo Egipto es anterior al nacimiento de la egiptología.
Los primeros en sentirse fascinados por la cultura que surgió a orillas del Nilo fueron los griegos.
Egipto entró en contacto, principalmente comercial, ya con la Grecia minoica y micénica, en tiempos del Reino Medio y Nuevo.
Homero, en la Ilíada y la Odisea, nos transmite una visión de Egipto como una tierra de infinitas riquezas y sabios.
Entre los siglos VI y V a.C. varios viajeros y sabios griegos acudieron a Egipto para aprender de los sacerdotes egipcios en las llamadas Casas de la Vida, donde se enseñaba astronomía, medicina, matemáticas y filología. Por ejemplo, Pitágoras estudió astronomía y geometría en una de estas escuelas, anexas a los grandes templos.
Pero fue la visita que realizó el historiador Herodoto en el siglo V a.C. la que desató lo que podríamos llamar primera "egiptomanía" entre los helenos. El "Padre de la Historia" nos narra cómo era el Egipto que él observó, cuando aún era una civilización viva, aunque lejos de sus tiempos de esplendor, en los libros II y parte del III de su Historia. Ante sus ojos apareció un Egipto profundamente religioso, cuyos sabios sacerdotes y escribas eran guardianes de una historia y una sabiduría tan antigua que, en su opinión, la propia cultura griega debía derivar de la egipcia en muchos aspectos.
Kouros, estatua de joven de época arcaica, con clara influencia egipcia
Aunque hoy en día se sigue discutiendo sobre esta influencia egipcia en los orígenes de Grecia, lo que es indudable es que esa visión de Egipto que tenían Herodoto y sus contemporáneos como un país de gran religiosidad y de historia milenaria, iniciada en la noche de los tiempos, se ha transmitido hasta nuestros días.
Pirámide de Cayo Cestio, Roma
Tras la conquista romana de Egipto se iniciará también una egiptomanía entre los romanos, que veían al mismo tiempo con horror y fascinación a la más famosa reina de Egipto, Cleopatra. Para ellos, esta mujer representaba todos los misterios y riquezas de Oriente (obviando el hecho de que, en realidad, la reina era de origen griego). En resumen, se puede decir que los romanos sintieron hacia Egipto lo mismo que hacia la última de sus reinas, una especie de amor/odio, de fascinación por la riqueza y exotismo de una antigua civilización, y de rechazo por las diferencias que había entre ambas culturas, y la decadencia del antiguo imperio egipcio.
Cleopatra sobre las terrazas de Filae, F.A. Bridgman (1896)
Dentro de esta egiptomanía romana destaca el éxito que tuvo el culto a una de las más importantes diosas egipcias, Isis. De tal manera que encontramos templos dedicados a ella repartidos por todo el imperio romano (incluida España). Los iseos eran decorados con arte de inspiración egipcia o, incluso, con auténticas piezas traídas de Egipto.
Sacerdote de Isis. Templo de Isis en Pompeya.
Otra de las obras de arte que los emperadores romanos repartieron por toda la geografía de su imperio fueron los obeliscos, monolitos de piedra repletos de inscripciones jeroglíficas que en ocasiones adornaban la spina de los circos romanos.
Obeliscos en el Circo Máximo
Por otro lado, los emperadores mandaron restaurar varios monumentos egipcios, especialmente templos, finalizaron otros de época ptolemaica, o mandaron construir edificios nuevos, donde fueron representados al estilo egipcio, inscribiendo sus nombres en jeroglíficos, como los antiguos faraones (y todo ello a pesar de que algunos ni siquiera llegaron a pisar nunca Egipto).
Dentro de las restauraciones destaca la realizada a los famosos colosos de Memnón por Septimio Severo, los cuales hasta entonces, y desde el terremoto del 27 a.C. emitían un sonido similar al llanto durante la salida del sol, causado por la dilatación de sus piedras.
Años antes, Adriano había dejado inscrito su nombre en estas estatuas de Amenhotep III. Fue precisamente este emperador quien perdió a su amante favorito, Antinoo, ahogado en el Nilo, tras lo cual construyó una ciudad en su honor (Antinóopolis) y la llenó con estatuas del bello joven vestido "a la egipcia".
Antinoo
En su villa en Tívoli, Adriano mandó construir edificios de inspiración egipcia, adornados con estatuas de dioses egipcios como Horus o Bes.
Estatua de Horus hallada en Tívoli
El Renacimiento
Tras la última inscripción en escritura jeroglífica, fechada en el siglo IV d.C., se perderá durante siglos la capacidad para leer los jeroglíficos. De modo que durante la Edad Media Egipto solo se conoció a través de lo contado en la Biblia.
Durante el Renacimiento, los intelectuales de la época intentaron desentrañar este misterio, partiendo de las Hieroglyphica de Horapolo (Ss. II-IV d.C.), obra totalmente fantasiosa. Esta incapacidad para traducir la más famosa escritura de los antiguos egipcios hizo que se comenzara a ver Egipto no solo como el escenario de algunos pasajes de la Biblia, sino como una tierra mística y mágica, guardiana de un conocimiento esotérico reservado a unos pocos y transmitido, según pensaban, a través de sus misteriosos símbolos.
En cuanto al arte, durante el Renacimiento Egipto se asociará inevitablemente a la Biblia, y a la mítica Cleopatra.
Simonetta Vespucci como Cleopatra. Cossimo Piero
Siglos XVIII y XIX
En este periodo de tiempo se producen dos hechos importantísimos, tanto para la creación de la nueva ciencia egiptológica, como para la difusión de la egiptomanía entre la sociedad europea:
La expedición de Napoleón a Egipto (acompañado de varios científicos), que tendrá como resultado la publicación de Description de l'Égypte.
El desciframiento de los jeroglíficos egipcios gracias a Champollion, quien se ayudó de la piedra Rosetta, hallada en dicha expedición. Es a partir de este momento cuando nacerá la egiptología.
Napoleón y sus generales. Jean Leon Gerome (1867)
Reflejo de esa creciente egiptomanía será el estreno en 1871 de la ópera Aída, de Giuseppe Verdi, inspirada en el antiguo Egipto. Su famosa Marcha triunfal es considerada por algunos un auténtico himno de la egiptomanía.
"Veo cosas maravillosas"
El verdadero boom egiptomaníaco se inició en 1922, cuando el arqueólogo inglés Howard Carter, gracias a la ayuda económica de su mecenas Lord Carnarvon, descubrió la tumba casi intacta del rey niño Tutankhamón, lanzando su famosa frase. Desde entonces, hemos podido disfrutar de películas ambientadas (mejor o peor) en el antiguo Egipto, novelas históricas sobre los faraones, cómics y arte de todo tipo relacionado con el país de las pirámides.
Muebles, joyas y objetos decorativos de inspiración egipcia