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lunes, 12 de noviembre de 2018

La lucha por el trono hitita: Hattusil III vs. Urhi Teshub

¿Quiénes eran los hititas?
El reino hitita se fundó a principios o mediados del siglo XVII a.C. en Anatolia (actual Turquía) y duró unos cinco siglos, durante el período conocido como Bronce Tardío, hasta que la llegada de los denominados "Pueblos del mar", entre otros factores, arrasaron con esta civilización como si nunca hubiera existido.
Mapa del imperio hitita. Fuente: Historia National Geographic nº 21
Los hititas no tenían ni una lengua ni un núcleo étnico común, sino que eran una sociedad de carácter multirracial, formada por un cierto número de diferentes elementos étnicos (indoeuropeos, hattianos, hurritas, etc.), y hablaban un cierto número de lenguas diferentes debido a la gran cantidad de prisioneros de guerra procedentes de las campañas militares.
El término "hititia" procede de unas pocas referencias bíblicas a un pueblo cananeo posterior a la Edad del Bronce denominado "hittim" (neohititas). 
Ellos se llamaban a sí mismos "Pueblos del País de Hatti"; es decir, nunca utilizaron ningún término étnico o político para designarse a sí mismos, sino que se identificaban por el nombre de la región en que vivían.
Tras la destrucción del imperio hitita hacia 1200 a.C. la cultura hitita perdurará en los llamados reinos neohititas, en el norte de Siria (siglos XII-VII a.C.).
No sería hasta hace unos doscientos años que esta civilización volvería a ser redescubierta por los historiadores, cuando el francés Charles Texier descubrió las ruinas de Hattusa en 1834.

Luchas por el poder
A lo largo de la historia hitita las luchas dinásticas entre los miembros de la familia real fueron frecuentes, llevando a graves crisis durante las cuales la supervivencia de esta civilización estuvo en peligro. Las conspiraciones y asesinatos contra el rey fueron algo habitual.
En esta lista de los reyes hititas especifico quiénes no murieron de forma natural, además de sus años de reinado y su parentesco con el rey anterior.
Fuente: El reino de los hititas. Autora de la lista: Isabel Cubas
El rey Telepinu intentó ponerle solución a estas disputas dinásticas mediante un edicto en el que se establecieron las condiciones de acceso al trono, si bien no fue respetado siempre, como podemos ver en el cuadro anterior:
Entonces yo, Telepinu, convoqué una asamblea en Hattusa (capital del reino hitita). Y desde entonces en Hattusa nadie hace daño a un hijo de la familia real ni desenvaina un puñal contra él. Debe ser rey un príncipe, hijo [de una esposa] del primer rango. Si no hay hijo del primer rango, debe ser un hijo del segundo rango. Pero si no hay hijo del rey como heredero, que se procure un yerno para la hija del primer rango, y éste será rey.
Hattusil III y Urhi Teshub:
A la muerte de Muwatalli II, famoso por haberse enfrentado al faraón Ramsés II en la batalla de Kadesh en 1274 a.C., le sucedería un hijo: el príncipe Urhi Teshub, que reinó entre 1272 y 1267 a.C.
Batalla de Kadesh
Sin embargo, y a pesar del edicto de Telepinu, las cosas no serían tan sencillas, por varios motivos.
El hermano del difunto Muwatalli II, Hattusil, había ido adquiriendo un gran poder y prestigio en vida de su hermano; poco después de su entronización, Muwatalli confirió a su hermano la muy prestigiosa posición de Jefe de la Guardia Real, y le nombró gobernador de las Tierras Altas, de modo que el norte estuviese bien controlado mientras Muwatalli se preparaba para la guerra con los egipcios en el sur. Hattusil también fue nombrado rey en el País de Hakpissa, ciudad estratégicamente situada para poder controlar toda la región septentrional y mantener a raya al enemigo kaska.
Por otra parte, la madrastra del rey Muwatalli, Tanuhepa, probablemente habría intentado reivindicar el derecho al trono de alguno de sus hijos sobre el de Urhi Teshub, hijo de Muwatalli y de alguna de sus concubinas o esposas secundarias. De manera que para asegurarse la sucesión de su hijo antes de marchar a la guerra, Muwatalli II llevó a la reina Tanuhepa a juicio y posteriormente la desterró de la capital, adelantándose a cualquier intento de conspiración o golpe de estado en su ausencia.
Como ya he dicho, Urhi Teshub, quien subió al trono como Mursilis III, no era un hijo de primer rango, puesto que su madre fue probablemente una concubina del rey. Este hecho tuvo como resultado que su tio Hattusil se viera muy tentado a reclamar el trono para sí mismo, además de suponer una excusa para que algunos vasallos se levantaran contra él cuando subió al trono.
No obstante, en un primer momento Hattusil respetó la voluntad de su hermano:
Por la estima a mi hermano, yo no hice mal contra él. Y puesto que no dejó un hijo de primer rango, yo tomé a Urhi Teshub, el hijo de una concubina (por él) y lo coloqué en el trono de Hatti. Yo puse a toda Hattusa en sus manos y él fue Gran Rey en las tierras de Hatti.
Es decir, Hattusil proclamaba con estas palabras que si su sobrino, hijo de segundo rango (algo así como un bastardo) era rey, fue solo gracias a él. Quizás por esto Urhi Teshub adoptó el nombre de su abuelo, Mursilis, para entronizarse, realzando su posición a los ojos de sus súbditos con tan prestigioso nombre; aunque Hattusil y su sucesor le seguirán llamando Urhi Teshub, negándole el real nombre de Mursilis III.
A pesar de su aparente lealtad, para un hombre como Hattusil debió de resultar muy duro aceptar quedarse a un lado mientras el hijo de una concubina reinaba. Aunque es evidente que la influencia del tío siempre estuvo presente en los actos llevados a cabo por el sobrino durante el tiempo que vivieron en armonía y trabajaron juntos.
Finalmente, y de manera inevitable, la relación entre ambos fue haciéndose cada vez más tensa. Hattusil nos ha dejado su versión de los hechos; la única que tenemos, dado que fue el vencedor del conflicto. Achaca todo a la creciente envidia de su sobrino, que le trató injustamente a pesar de deberle el trono, y su victoria final al favor de los dioses:
Urhi Teshub me perjudicó y vosotros me perjudicasteis y yo os vencí. Unos me apoyaron a mí; otros apoyaron a Urhi Teshub. Yo le derroté y luego unifiqué a la población ¿He perjudicado a alguien? Urhi Teshub era hijo de mi hermano y cuando mi hermano murió, le tomé y le instalé en el trono y le fui leal, pero comenzó a humillarme para rebajarme.
Creyendo que contaba con el apoyo de los dioses, especialmente después de recuperar de nuevo la ciudad santa hitita de Nerik, y consciente del apoyo personal que tenía en el reino, además de comprobar cómo su sobrino poco a poco tomaba sus propias decisiones, Hattusil decidió dar un golpe de estado. Aunque se encargó de no presentar el conflicto como una rebelión, sino como una "respuesta legal" ante la actitud injusta de su sobrino.
Sello de Hattusil III
El exilio de Urhi Teshub:
Tras ser derrotado en las Tierras Altas, y una vez que su tío ascendió al trono, Urhi Teshub, que aún contaba con algún apoyo, fue enviado a un "honorable exilio" lejos de la capital, en Nuhasse (Siria). Fue nombrado gobernador de algunas ciudades fortificadas para mantenerlo ocupado; pero Urhi Teshub no se dio por vencido y, aun en su exilio, intentó buscar el apoyo de Babilonia y los asirios. Prevenido, Hattusil pensó en enviar a su sobrino aún más lejos (Chipre), pero de alguna manera consiguió escapar y fue a refugiarse en la corte del que había sido el mayor enemigo de su padre: Ramsés II. El faraón se negó a extraditarle, a pesar de la petición del nuevo rey hitita, y nunca más se supo nada de Urhi Teshub.
Ramsés II recibe en su palacio a una comitiva hitita
*Artículo también disponible en Historiae

Bibliografía:
- BRYCE, Trevor. (2001): El reino de los hititas. Ed. Cátedra. España, Madrid.
- ÁLVAREZ-PEDROSA NÚÑEZ, J.A. “Hititas, el imperio olvidado”. Historia National Geographic. 2005, nº 21, pp. 46-55 


domingo, 1 de marzo de 2015

Los lamassu, genios protectores de Mesopotamia

Buenos días, amigos. Hoy me vais a permitir escribir una entrada un poco diferente a las que suelo escribir cada domingo. 
Como supongo que sabréis, ciertos individuos descerebrados y bárbaros, cuyo nombre no me da la gana escribir, pues con sus actos deleznables solo quieren propaganda, han cometido recientemente uno de los actos más abominables que se puedan cometer, además de quitarle la vida a personas inocentes: Un intento de damnatio memoriae en toda regla. Porque, aunque este término suene a tiempos pasados, a tiempos oscuros de hace cientos o miles de años, desgraciadamente hoy día está de actualidad.
Hoy escribo para evitar "la condena del olvido" que estos bárbaros quieren imponer a la cuna de la civilización, la antigua Mesopotamia. No diré sus nombres, no hace falta. Todos sabemos quiénes son.
Hoy mi egiptomanía cede su puesto a mi amor por la historia en general, y al rechazo por todo tipo de acto bárbaro y sin sentido, como es este del que hemos sido testigos hace apenas un par de días. 
Pero no voy a poner imágenes de eso. Eso es lo que ellos querrían, aterrorizarnos con las barbaridades que son capaces de hacer por defender sus erróneas ideas. 
Aunque expertos dicen que la mayoría de las piezas destruídas son solo reproducciones, algunas de ellas sí son originales; como es el caso de los enormes lamassu, condenados por su tamaño a la destrucción y al olvido. O al menos esto último pretenden esos descerebrados. Pero no lo van a conseguir.
Hoy, contra la barbarie y la intolerancia, mi pequeño y humilde granito de arena es este. No hablar de su destrucción, sino de lo que representan estas hermosas esculturas.
Lamassu de Jorsabad (Irak)
Los lamassu
Estas criaturas eran consideradas divinidades protectoras. Se trataba de seres híbridos con cuerpo de león o de toro, cabeza humana y alas de águila, tocados con la mitra con cuernos característica de los dioses mesopotamios.
Los asirios adoptaron posiblemente de los hititas la costumbre de poner como guardianes en las entradas de sus edificios a estos animales monstruosos. Eran, por tanto, elementos apotropaicos, es decir, protectores, para guardar las puertas de las ciudades o palacios, generalmente en parejas como vemos en la imagen de arriba. 
Su aspecto temible estaba pensado para infundir respeto y espantar a los espíritus maléficos y a los enemigos, acabando con la vida de todo aquel que no tuviese buenas intenciones (qué irónico). Los asirios se creían rodeados de una multitud de demonios causantes de calamidades y males, como Pazuzu (rey de los espíritus malignos del aire), Lamashtu (devoradora de niños) o Labartu (demonio femenino causante de enfermedades). En contraposición, tambien creían en la existencia de seres benignos, de adscripción celestial, como los mencionados Lamassu, Shedu o Utukku. Estos seres, volubles y caprichosos, debían ser contrarrestados mediante prácticas mágicas (shiptu) u oraciones (nish qati).
Pintura de un lamassu, palacio provincial de Til Barsip (Tell Ahmar, Siria). Siglo IX a.C.
Iconografía
Al estar subordinadas a la arquitectura y adaptadas a un marco estructural, sus figuras fueron, invariablemente, de aspecto cuadrangular, admitiendo dos puntos de vista: podían ser observadas desde un punto de vista frontal o bien lateral, por lo que se representaron con cinco patas, visibles a un tiempo sólo si se las observaba oblicuamente (ver foto abajo). 
Lamassu y Gilgamesh
Al igual que los relieves, cuentan con una extraordinaria preocupación por los detalles y ornamentos, a pesar de sus dimensiones. Entre los más bellos destacan los del palacio de Dur-Sharrukin, hoy Jorsabad (Irak), de Sargón II, representados con gran número de adornos.   
Las figuras que protegían el acceso al palacio, así como al Salón del trono, llegan a proporciones verdaderamente monumentales. Aquí, entre los seis lamassu (de 4,20 m de altura cada uno) de la puerta principal del palacio, (uno de ellos en el Museo de Chicago), aparece una mítica figura de la antigua civilización sumeria, la del héroe del león (de casi 5 m de altura), con el cuerpo de perfil y el rostro de frente, conocido por las dos versiones del Museo del Louvre (en una lleva túnica corta y en la otra toga), con su larga barba rizada, sus bucles, su machete y su león; algunos autores no dudan en identificar este personaje con Gilgamesh, el antiguo rey de Uruk (foto de arriba).
Lamassu en el Louvre
Junto a ellos también podían aparecer relieves de genios alados como este:
Genio alado en alabastro. Siglo IX a.C. Louvre
Estas grandes esculturas mesopotámicas pueden verse hoy día conservados en museos como el British Museum en Londres, el Louvre de París, el Metropolitan de Nueva York, el Museo de Pérgamo en Berlín y el Instituto Oriental de Chicago. E imagino que aún quedará alguno en algún museo iraquí...o no...

Lamassu del Museo de Pérgamo, con cuerpo de león
Los toros en Mesopotamia se asociaban a las corrientes de agua que llevaban la fertilidad, y también al poder. Por otra parte, la cabeza humana les dotaba de inteligencia y la larga barba  les ligaba a las divinidades, al igual que la corona con cuernos.
La cara de los lamassu representaba al rey que gobernaba en el momento de levantarse la escultura. 
Por el bajo vientre asoman escamas de pez y las alas de águila les relacionan con el sol.
Por tanto, son seres que recrean el equilibrio entre el cielo, la tierra y el agua, y permiten intermediar entre los hombres y las divinidades. 
Lamassu, Instituto Oriental de Chicago
Como espíritus del hogar protegían al pueblo, que enterraba tablillas de arcilla con representaciones de estos genios protectores en el umbral de sus casas para protegerlas.
Como ya dije, se colocaban en parejas a la entrada de los palacios y las ciudades, en tamaño colosal. A veces, también eran motivo de decoración parietal en los palacios, como en el dibujo de más arriba.
Esta criaturas aparecerían posteriormente en el arte persa, donde con algunas variantes se representaron en las entradas monumentales de Persépolis. 
Persépolis
No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños

Cicerón (106 a.C.- 43 a.C.), escritor, orador y político romano.

Bibliografía y webgrafía:
- Prehistoria y primeras culturas, el amanecer del arte. Historia del arte, el lenguaje de los genios. Madrid: Signo editores, 2012, volumen 1. 
- http://en.wikipedia.org/wiki/Lamassu
- http://www.artehistoria.com/

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