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domingo, 1 de marzo de 2020

Érase una vez, un disfraz de faraona...

Buenos días, queridos amigos del blog. Hoy me vais a permitir escribir una entrada algo diferente, porque es muy personal. Y es que en 2020 se cumplen veinte años desde que empezó mi egiptomanía. 
Mi amor por el antiguo Egipto me ha llevado a aprender muchísimas cosas nuevas a lo largo de estos años, no solo de Egipto, sino de otros muchos temas y culturas. Me ha permitido conocer a gente estupenda que comparte mi afición, me ha llevado a estudiar una hermosa carrera en la universidad y me ha salvado -y me salva- de momentos tristes y difíciles en la vida. Pero, ¿cómo comenzó todo?
Podría haber comenzado aquel mes de julio de 1999, en que una Isabel de diez años vio fascinada, junto a sus padres y su prima, la película La momia en unas salas de cine de su ciudad natal, que ya ni existen. Recuerdo que, al volver a casa, jugué a ser una princesa egipcia de piel dorada a la que nadie podía tocar...
Podría haber empezado por haber leído un libro que me descubrió todas las maravillas de este antiguo mundo, como les ha pasado a muchos otros egiptomaníacos.
Pero, en realidad, el comienzo de mi amor por el antiguo Egipto podría decirse que fue una peculiar consecuencia de ser la típica niña gordita de finales de los noventa. 
En mi colegio se celebraba todos los años (y aún se hace) una fiesta por los carnavales, y los alumnos a veces podíamos elegir nuestro disfraz. A mí siempre me han encantado los carnavales, quizás porque al ser una persona extremadamente tímida, el ponerme un disfraz me ayudaba a jugar a ser otra persona, y olvidar por un tiempo esa timidez. Todos los años miraba con ilusión el catálogo de disfraces (un auténtico compendio de horteradas, por qué negarlo) para elegir el que más me gustase. Para los carnavales de marzo de 2000 mi elección fue el que me pareció un precioso vestido rojo a lo Escarlata O'hara (con pamelón y todo, qué fantasía). Así que, a la tienda de disfraces que fui con mi madre, con toda mi ilusión por comprarme aquel precioso disfraz.
Sin embargo, cuando entré en la tienda mis ojos se cruzaron con él, y mi idea inicial empezó a cambiar, aunque yo me resistiera. Fue amor a primera vista, a pesar de que yo iba buscando otro disfraz. Pero mi destino ya estaba escrito, gracias a mis kilitos de más. 
Cuando la amable dependienta buscó el disfraz rojo de Escarlata pudimos comprobar -¡Oh, mala fortuna!- que no lo había de mi talla...
Así es, mi gozo en un pozo. Una pobre niña, ilusionada por disfrazarse con un hermoso vestido rojo, tuvo que quedarse con las ganas porque los señores diseñadores de disfraces no pensaban que pudiera haber niñas de talla grande que quisieran disfrazarse de Escarlata. Sin embargo, mi aflicción duró poco porque, por primera vez en mi vida, el antiguo Egipto venía a rescatarme. 
La amable dependienta nos dijo que tendríamos que buscar disfraces para mí en la sección de mujer (imaginaos para una niña de apenas once años lo que significaba eso; de verdad que no estaba taaan gorda, ni era súper alta; a día de hoy mido 1,57 m). Entonces, qué remedio, la señora me empezó a mostrar disfraces de mujer. Ya os podéis imaginar cómo de mal me sentía yo, que no solo no me iba a poder disfrazar con el traje que quería, sino que encima era por gorda. 
Y entonces la dependienta me enseñó el disfraz de faraona. Mis ojos se iluminaron al ver de nuevo su belleza. Ejem, ahora ni se me ocurriría disfrazarme con algo tan hortera, pero entonces me pareció lo más precioso del mundo. A la porra Escarlata, las tallas y los que me hacían bullying (entonces no se llamaba así) por ser gorda. Yo ya estaba decidida: aquel mes de marzo de 2000 me iba a disfrazar de faraona.
(Leer con voz de Rose Dawson): "Él me salvó, en todos los sentidos en que puede salvarse a una persona.
Lamento no tener foto original. Eran otros tiempos, no teníamos móviles, ni hacíamos fotos a todo compulsivamente.
Desde aquella vez me he disfrazado de egipcia en otras dos o tres ocasiones más, pero fue entonces cuando comencé a interesarme por todo lo que estuviera relacionado con el antiguo Egipto; fue como si un interruptor se hubiera activado dentro de mi cerebro. Aún tengo clavado en mi memoria el recuerdo del primer dibujo que hice de una egipcia (o cómo yo pensaba que sería), con un lápiz y en una hoja cuadriculada de un cuaderno del cole. Empecé a arrasar con todos los libros del antiguo Egipto que podía pillar en la bibliobús (qué tiempos, ni biblioteca había en el cole, y menos en el pueblo).
Este no fue el primero, pero sí de los primeros
También empecé a ver todos los documentales de Egipto que ponían en discovery channel en la tele de pago, cuando todavía ponían buenos documentales, no los de piramidiotas que inundan ahora esos desprestigiados canales. Los de la serie documental francesa "Egipto" fueron los primerísimos que vi, así que las voces de esos narradores me transportan automáticamente a mi infancia cada vez que los vuelvo a ver (por Youtube, claro. Porque yo los compré en VHS, y ya ni reproductor de vídeo tengo en casa ja, ja). La intro me produce escalofríos de emoción, pues consigue transportarme a mi infancia y al antiguo Egipto a la vez. Cosas raras mías.

Luego descubrí la preciosa serie, también francesa, "La princesa del Nilo", de la que ya os he hablado en el blog. 
Mi padre me regaló mi primera novela ambientada en el país de los faraones, una edición de Círculo de lectores de "El egiptólogo" de Christian Jacq. Qué mejor primera novela que una protagonizada por Champollion; Su frase <<Egipto lo es todo para mí>> podría resumir mis últimos veinte años de vida. Después, me regaló los dos primeros libros de la pentalogía de Ramsés II (ahí empezó mi historia de amor platónico con El Grande), y luego yo misma invertí mis ahorrillos en comprarme más libros, películas y documentales sobre el antiguo Egipto. Devoraba la revista mensual de Círculo con pasión intentando descubrir alguna joyita egiptomaníaca, que pagaba con las 10.000 pesetas que me daban mis abuelos por sacar buenas notas todas las evaluaciones. Y cómo olvidar las colecciones por fascículos, si me quedaba embobada cada vez que salía por la tele el anuncio de "Egiptomanía" y sus figuritas negras.
Nota mental: dar las gracias a los franceses por su contribución a alimentar mi egiptomanía. (Quizás deberíamos haber perdido la guerra de Independencia). Ejem, ¿se nota que ayer volví a ver "El ministerio del tiempo"? 
Cuando fui de excursión con el instituto al Museo arqueológico nacional en Madrid, y vi por primera vez objetos egipcios REALES, no me lo podía ni creer. Si hubiera visitado el British, el Louvre o el del Cairo me temo que me hubiese quedado catatónica. Mi amiga de entonces me tuvo que sacar a rastras de las salas egipcias porque nuestro grupo se iba sin nosotras.
Y cuando me enteré de que había un templo egipcio REAL en España, ya fue lo más, aunque no tuve ocasión de verlo por primera vez hasta 2013.
Templo de Debod, Madrid. Que lo cubran ya con una cúpula, coñ*
Desde aquel mes de marzo de 2000, la pequeña egiptomaníaca que fui ha continuado cultivando su amor por esta hermosa civilización, como el campesino que trabajaba sus tierras después de la inundación. No sólo he estudiado una licenciatura en Historia motivada por mi amor a las antiguas culturas, la principal de ellas la egipcia, sino que he visitado interesantes exposiciones temporales y colecciones de museos a lo largo de estos años (menos de las que quisiera, pero la economía es la que es, y no se pueden hacer milagros). 
Mi graduación como licenciada en Historia por la UAH, 2012. La belleza me viene de familia, lo sé.
Mis conocimientos sobre el antiguo Egipto han ido aumentando -aunque reconozco que aún es muchísimo lo que desconozco-, gracias a mis estudios, las innumerables horas de lectura, y cursos como el de Coursera Egiptología que hice en 2014, y en el cual conocí a gente fantástica. Mi biblioteca personal también ha ido creciendo, con más y mejores libros de egiptología, gracias a los cuales pude inaugurar este humilde templo de Seshat -en un periodo  oscuro de mi vida. Egipto al rescate nuevamente-, y colaborar con la estupenda revista online Egiptología 2.0, y en programas de radio como Istopia Historia.
Visita a la exposición de Tutankhamón en 2010
Como los antiguos egipcios sabían, no hay oscuridad sin luz, y el año pasado conseguí al fin cumplir mi sueño desde que era esa niña gordita que no pudo comprarse el disfraz que quería; pero la vida le dio a cambio algo mucho mejor. En julio de 2019 visité Egipto por primera vez, y me enamoré aún más del país, de su río Nilo, de su sol abrasador, y de su amable gente.
Mi amor por esta civilización me ha traído muchos momentos buenos (también algunos tristes, como todo lo sucedido en Egipto en el año 2011, que desgraciadamente fue el mismo año en que perdí a una persona muy especial. Y el año en que murió la Taylor; definitivamente fue un annus horribilis), pero a lo largo de estas dos décadas es más lo bueno que lo malo que puedo recordar.
Fiesta de carnaval en la Residencia universitaria Cardenal Cisneros, 2011.
Me gusta decir, medio en broma, medio en serio, que todos los egiptomaníacos fuimos egipcios en otra vida, y por eso nos apasiona tanto el antiguo Egipto, pues recordamos, sin saberlo, el amor a nuestra antigua tierra. Sea verdad o no (probablemente no, con excepción de la peculiar Omm Sety), lo cierto es que nunca podré olvidar como ese "interruptor", ese punto de no retorno a la egiptomanía, se inició hace ya veinte años gracias a un sencillo disfraz.
Visita a las pirámides de Gizah. Julio 2019


miércoles, 11 de diciembre de 2019

Horteradas egiptomaníacas (III)

Desde lo más profundo del inframundo, han vuelto. Tan horribles que incluso a Ammit la Devoradora le causarían una gastroenteritis...
En esta nueva entrega de horteradas egiptomaníacas vamos a ver cómo debe ser el hogar del buen egiptomaníaco.
Cuando el aficionado hortera del antiguo Egipto deja finalmente la casa de sus padres a los 35 años para independizarse, debe pensar en cómo decorar su nuevo hogar. Es muy importante que nada más entrar por la puerta las nuevas visitas sean conscientes de su egiptomanía y su buen gusto. No sirve que tenga una colección de cientos de libros sobre el antiguo Egipto.
"Rahotep, Nofret, ¿de qué presupuesto disponéis?" (Los envidiosos dirán que lo he hecho con Paint)
Dependiendo de su presupuesto, la casita del egiptomaníaco recién independizado se parecerá más al llamado palacio egipcio de Medellín, o a una choza inmunda indigna de un esclavo, en la que se te cae hasta el techo (dato real). Y como los libros son caros, probablemente sea la segunda opción.
Pero no hay de qué preocuparse. Aunque por fuera su casa no parezca el palacio de Amenhotep III en Malqata, puede decorar su interior inspirándose en estos elegantes ejemplos.

Muebles y decoración dignos de un rey (del todo a 1€):
En su nuevo hogar el egiptomaníaco necesitará mesas, lámparas y cachivaches varios tan exquisitos como estos.
Lámpara de Cleopatra guarrilla. Como ya vimos en las anteriores horteradas egiptomaníacas, si tiene una pose provocativa, entonces es la Cleo. Esto es así desde tiempos de los romanos. 
¿Quién no quiere en su casa una lámpara con una señora egipcia "nisu" que le manda callar por alguna razón desconocida? ¡Qué carácter! Quizás sea mejor volver a usar lámparas de aceite...
Como todo buen faraón, en su casa el egiptomaníaco degustará exquisitos banquetes en mesas dignas de un rey (a no ser que sea de recursos limitados, y no pueda permitirse un esclavo que le cocine). 
Estos maromos tan cachas sujetarán la mesa para que pueda comer tranquilamente su pizza calentada en el microondas, ¡umm! bocatto di faraone.
Mesa también disponible en versión sarcófago
Después de una larga jornada de trabajo de diez horas por 500€ al mes, podrá relajarse dándose un baño calentito.
Tranquilos, animalistas, el presupuesto no daba para que esa alfombra de tigre fuera real. Si os preguntáis dónde está el "trono", ¿desde dónde creéis que está hecha la foto?
(Tutanpatón no incluido)
A continuación, podrá ver en versión pirata La pirámide o Exodus en el televisor de su sala de estar egiptomaníaca. Mi escena favorita es cuando entierran a Seti I en Abu Simbel (real).
Moqueta y mantas de leopardo. El epítome del buen gusto.
Tómate un copazo de este excelente vino del año 3 de Ramsés II para olvidar tu precaria situación laboral.
Y para que no se le pase la hora de ir a dormir (mañana tiene que volver a levantarse a las 6:30 para soportar compañeros de trabajo y clientes impertinentes), aquí tiene un muestrario de preciosos relojes inspirados en los que decoraban los hogares de los antiguos egipcios...
Al haber alcanzado la inmortalidad gracias a su fama mundial, Tutankhamón mira impasible el paso de las horas desde tu pared agrietada.
Dos antiguas egipcias jugando a "Palmas, palmitas, higos y castañitas". Este reloj me recuerda a una vez en la que jugando a un juego de mesa pensé "¿Cómo jugaríamos si se rompiera el reloj de arena?" Y a los pocos segundos el cristal estalló. Verídico. Mis super poderes ahora se limitan a ver truños de películas sin dormirme para criticarlas después en el blog.
En el dormitorio del buen egiptomaníaco tampoco pueden faltar todo un batiburrillo de imágenes inconexas y horteras inspiradas en el antiguo Egipto. Para que sueñes con el hereje de Akhenatón...

Cuando llega la mañana y le toca ir al trabajo, o cuando sale con los amigos a tomar algo a las "Casas de la cerveza", no hace falta que  el egiptomaníaco instale una alarma en su casa (recuerda que si la dejas de pagar pueden meterte en listas de morosos). Es mucho más efectivo dejar a este engendro en la puerta para que los posibles ladrones huyan como alma que lleva el diablo.
¡1'90! Es más alto que tu novio, y lo sabes.
Hablando de Casas de la cerveza, el otro día salí a tomar algo y me encontré este monumento al mal gusto egiptomaníaco en forma de máquina tragaperras.
Las antiguas egipcias fueron pioneras en las operaciones de aumento de pecho. Ya lo dice el dicho: "Tiran más dos pirámides que dos carretas".
Pero sigamos con los consejos de decoración. Un último toque de elegancia para nuestro hogar egiptomaníaco lo darán, sin duda, las figuritas cochambrosas. Recuerda que si además les limpias el polvo solo una vez al año le añadirás un extra de sofisticación.
Nefertiti ex yonqui
La adicción al alcohol es habitual entre las figuritas horteras. Muchas solo ven solución a sus problemas en el fondo de una copa de vino. 
A esta la he titulado: "Te vas a llevar una colleja, y no vas a saber ni de dónde te ha venido". La flauta induce a la violencia. Di no a los ensayos interminables con este instrumento del demonio.
¡Luxury Collection! JAJAJAJA. Qué desfachatez. No quiero ni pensar cómo será la versión Low cost.
En cuanto a esas grietas preocupantes (que llevarán al desprendimiento de parte del techo de la cocina cualquier día) no dudes en taparlas con una selección de cuadros hechos por artistas dignos de exponer su arte en el museo del Prado.
Una "faraona", jeroglíficos, pirámides, planetas y naves extraterrestres, ¿qué más se le puede pedir a un cuadro?
Porque la Mona Lisa ya está muy vista, es mucho mejor su versión egiptizada, la Mona Isis. ¡Hasta ha cogido un poquito de color!
Este, sin duda, es el más bonito y elegante de todos. (Y no lo digo porque lo tenga yo colgado en mi casa, ejem).
En la casa de todo egiptomaníaco que se precie debe haber obligatoriamente papiros egipcios decorativos con bellas imágenes inspiradas en el antiguo Egipto (según se lo imagina un señor con poca idea del antiguo Egipto). Advertencia: el papiro puede estar hecho con 0% auténtico papiro egipcio.

Fiestuqui de inauguración:
Finalmente, una vez que ya tienes equipado y decorado tu casoplón con todo lo necesario para poder llamarlo el hogar de un auténtico egiptomaníaco, llega el momento de la inauguración. Qué mejor que montar una fiesta de disfraces inspirada en el antiguo Egipto... ¡Oh, sí! Os traigo más ejemplos de disfraces made in China. 
Reyes y reinas del cutrerío y lo hortera
Aquí no comentaré nada. La imagen habla por sí sola...
Para que tus invitados no se mueran de hambre, puedes hacer una mesa de postres inspirada en la que tuvieron Ramsés y Nefertari el día de su boda, ¡delicioso!
Si después de la juerga alguno de tus invitados decide quedarse a dormir, que lo haga en este fabuloso saco de dormir-sarcófago. Estará tan cómodo que lo despertarán unos arqueólogos del futuro.
Hasta aquí llegan mis consejos para decorar vuestro nuevo hogar como un verdadero egiptomaníaco. Hacedme caso, yo sé lo que digo. Otras páginas os querrán dar consejos sobre cómo decorar vuestra casa al estilo egipcio sin caer en horteradas, pero fracasarán en su intento:
Vuelven las "simpáticas" culebrillas.

martes, 10 de septiembre de 2019

El mito del Egipto negro. 3ª parte: ¿Quiénes eran los egipcios?

Para finalizar esta serie de entradas sobre el mito del Egipto negro defendido por el afrocentrismo, vamos a hablar en esta última entrada de qué era ser egipcio. Ya hemos visto cómo podían ser los egipcios en cuanto a su aspecto físico, y cómo este se ha malinterpretado (intencionadamente o no). Pero, ¿qué diferenciaba a un egipcio de un extranjero? ¿Era solo su aspecto físico? 
¿Quiénes eran los egipcios? 
Los egipcios antiguos se consideraban los únicos habitantes del Orden, o Maat, frente al Caos que se extendía tras las fronteras de Egipto. Gracias al faraón, este Caos no entraba en su tierra, mediante el culto a los dioses y las guerras. Estas mantenían a raya a los enemigos, al mismo tiempo que expandían el imperio egipcio, especialmente durante el Reino Nuevo.
La xenofobia hacia el extranjero que vive en el Caos, y que siempre amenaza con destruir el Orden egipcio, era ampliamente representada en la iconografía oficial: muros de templos y palacios, mobiliario, incluso en las sandalias del rey, o en los bastones en que Tutankhamón se apoyaba. 
Los enemigos eran simbólicamente pisoteados al caminar. Sandalias de Tutankhamón
Los enemigos de Egipto, conocidos como los nueve arcos desde el Reino Antiguo, eran vistos como grupos de seres miserables, traicioneros, cobardes y caóticos. Así son representados en los templos, derrotados frente al poderoso faraón y su ejército.
El faraón ejecuta prisioneros libios
Sin embargo, por otro lado, debido a su situación geográfica Egipto siempre fue un punto de contacto con gentes venidas de África, Oriente y Europa. Estos intercambios no solo fueron comerciales y culturales, sino que también habría habido una mezcla genética, en mayor o menor medida, según la época.
En esa dicotomía tan propia de los egipcios, vemos que el extranjero que estaba dispuesto a dejar el Caos y "egiptizarse", pasaba a ser un habitante más de la tierra de Kemet, Egipto.
Asiáticos, con barbas y ropas de colores, entrando en Egipto. Tumba de Knumhotep en Beni Hassan
Los egipcios se definían a sí mismos por habitar el valle del Nilo, hablar una lengua específica y compartir una cultura particular; todo aquel que compartiera esos rasgos y se declarara súbdito del faraón era considerado egipcio.
"Gentes del valle del Nilo", J.M. Parra
Como vimos en la anterior entrada, los egipcios no solo se diferenciaban de sus vecinos, sino que entre ellos mismos sabían que había nuevamente una dicotomía: más mediterráneos al norte, más oscuros al sur. Por tanto, para ellos el ser egipcio no era tener una apariencia física determinada, sino hablar egipcio, adorar a unos mismos dioses y servir al faraón.
Pese a lo que nos muestra la iconografía oficial, el trato al extranjero como individuo, y no como parte de esa masa caótica que amenazaba Egipto, podía ser cordial cuando venía a comerciar o a asentarse pacíficamente en Egipto. Como en tantas otras cosas, los egipcios no veían en esto una contradicción.
Nubios representados en la tumba TT40 de Amenhotep Huy, virrey de Kush
Se sabe que los nubios fueron especialmente valorados como arqueros en el ejército egipcio, y como policías. Los libios también lucharon como soldados del ejército del faraón, y trabajaron en labores de producción, en el cultivo de los campos, y como artesanos.  
Varios personajes importantes fueron extranjeros o de ascendencia no egipcia, como el propio suegro de Amenhotep III, Yuya, que sería de origen asiático, lo cual no les impedía llegar a puestos tan importantes como el de visir. Además, a la Casa jeneret (más conocida como harén) llegaban princesas y sirvientes de diversas partes: Nubia, Siria, Mitanni, el país de los hititas, Babilonia, etc. De estas regiones llegaban también los hijos cautivos de reyes para educarse en el Kap, una especie de colegio que había en palacio, donde se egiptizaban y aprendían la escritura jeroglífica, junto a los hijos del rey y de algunos nobles.

Conclusiones:
Cleopatra. Piero di Cosimo (s. XVI)
La imagen que la mayoría tiene sobre cómo era un antiguo egipcio nos ha llegado muchas veces a través del cine (principalmente estadounidense), y el arte.
Además, aunque sean muchas las momias conservadas de los antiguos egipcios, el mismo proceso de momificación no nos permite ver como sería realmente el color de su piel, y los estudios para desentrañar este misterio suelen ser complejos y costosos, y no siempre exitosos. 
Si a esto le añadimos el racismo propio de las corrientes historiográficas de siglos pasados, ya sean eurocentristas o afrocentrista (pues al final pecan de lo mismo), tenemos como resultado una tergiversación de la realidad histórica, en beneficio de las ideologías de cada uno. 
El público general que no profundiza para intentar averiguar algo más se queda en la superficie, y defiende que los egipcios eran negros, o blancos y rubios, cual estrella de los años dorados de Hollywood, según sus gustos (o su propio color de piel), cuando simplemente deberíamos mirar el arte egipcio para ver cómo eran representadas estas personas.
Elizabeth Taylor en "Cleopatra" (1963)
La cultura egipcia es una cultura africana, no europea [...]. En África a partir del Neolítico se forman distintos grupos raciales: négridos en la zona ecuatorial, y mediterránidos en la zona norte, en contacto entre ellos. [...]los egipcios los tendríamos que clasificar en el ámbito de los mediterránidos y, por tanto, tendrían una cierta relación con las poblaciones mediterránidas. [...]¿Cómo sería un egipcio antiguo? Un egipcio del delta sería relativamente parecido a un bereber del norte de África, y conforme se bajara por el valle del Nilo y se llegara a Nubia, la población sería más oscura de piel [...]. El acervo cultural africano está presente en la cultura egipcia, sin ninguna duda, pero esto no quiere decir que los egipcios fueran negros, si entendemos por negros la actual raza négrida del África ecuatorial.
Josep Cervelló, curso Egiptología Coursera 
Con esta serie de artículos he intentado resolver en la medida de mis posibilidades este interrogante, gracias a las fuentes históricas y los conocimientos de los profesionales, que es la única manera de poder llegar a desentrañar la verdad, sea la que sea.
Desde los mismos inicios de la civilización egipcia encontramos varios grupos humanos que han llegado al valle del Nilo y, por lo tanto, podemos hablar de mezclas. [...] La sociedad egipcia no es tan pura como pudiéramos pensar. Ha habido una interacción con otros pueblos, incluidos griegos y romanos de todas partes del imperio. Por tanto, la población ofrece un bellísimo atractivo por su diversidad.
José Lull, curso Egiptología Coursera.
Rahotep y Nofret. Foto: Isabel Cubas
Bibliografía y webgrafía:
-REDFORD, Donald B. (2005): De esclavo a faraón. Los faraones negros de la XXV dinastía. Ed. Crítica. España, Barcelona.
-PARRA, J.M. (2003): Gentes del valle del Nilo. Ed. Complutense. España, Madrid.
-GONZÁLEZ-TABLAS NIETO, J. La interacción entre egipcios y nubios a finales del reino medio: del topos a la vida cotidiana. El Futuro del Pasado. 2011, nº 2, pp. 117-130.
-HORACIO GERVÁN, H. Introducción e integración de extranjeros en el Egipto del Reino Nuevo: una aproximación cuantitativa  a los Anales de Tutmosis III. Anuario de la Escuela de Historia Virtual. 2014, N° 5, pp. 1-22.
-https://www.youtube.com/watch?v=6oUr3Zrpj0k&t=1s
-https://www.youtube.com/watch?v=s37MMoRYKjE&t=7006s

jueves, 5 de septiembre de 2019

El mito del Egipto negro. 2ª parte: ¿Cómo eran los egipcios?

Como veíamos en la primera parte, mucho se discute sobre la apariencia de los antiguos egipcios. Pero para intentar hacernos una idea de cómo eran debemos basarnos en las fuentes históricas, y no en la tendencia a lo políticamente correcto que vivimos en nuestros días, o en ideologías políticas que manipulan los datos en su beneficio.
Herodoto de Halicarnaso. Wikipedia
¿Qué dice Herodoto?
Los afrocentristas se basan en su supuesta descripción de los  antiguos egipcios para defender el mito de un Egipto negro. Lo analizaremos más abajo. 
Herodoto nos habla sobre el Egipto del siglo V a.C. en el libro II de su obra Historia, dedicado a la muse Euterpe. 
C. Los mismos sacerdotes me iban leyendo en un libro el catálogo de nombres de 330 reyes posteriores a Menes. En tan larga serie de tantas generaciones se contaban 18 reyes etíopes, una reina egipcia y los demás reyes egipcios también.
Herodoto diferencia aquí entre etíopes (Αἰθίοψ, rostros quemados, la palabra griega para negro) y egipcios. Los nubios, por cierto, eran conocidos por los egipcios, entre otras formas, como nehesu (nehesy, en singular), que significa bronceados o quemados, de igual manera que Αἰθίοψ.
Estos etíopes vivían al sur de Elefantina, es decir, en la antigua Nubia. 
Al sur de Elefantina, el país es habitado por etíopes [...]. La otra mitad es ocupada por los egipcios.
Por tanto, vemos que Herodoto no incluye a los egipcios dentro del grupo de los etíopes, que no se refiere al país, sino a las personas negras.
A continuación nos habla de un rey egipcio llamado Sesostris, que llegó a conquistar zonas de Europa, domando a escitas y tracios. ¿Dónde vivían estos pueblos? Los historiadores grecolatinos de la Antigüedad situaban Escitia en la costa norte del mar Negro, las llanuras del Cáucaso y en la zona al norte del mar Caspio. Por otro lado, los griegos situaban Tracia en la región actualmente dividida entre Grecia, Bulgaria y Turquía. 
Así se entiende que Herodoto pudiera llegar a creer que los habitantes de la Cólquida descendían de los egipcios de ese supuesto ejército, algunos de cuyos miembros se habrían establecido cerca del río Fasis, el actual Río Rioni, en Georgia. Es en este país donde estaba la Cólquida, donde además situaban los griegos antiguos el mito del vellocino de oro. Medea aparece en este mito como la hija del rey de la Cólquida, ¿Cómo era representada en el arte griego y romano?
Medea, quien debería ser a ojos de Herodoto de similar aspecto a un egipcio
Representación de un etíope y de un griego, según el arte griego.
Sin embargo, el ejército egipcio nunca llegó tan lejos. La expansión máxima del imperio egipcio se dio en tiempos de Tutmosis III, y no hay ninguna prueba arqueológica de que llegara a las regiones citadas por Herodoto. Por tanto, el parecido físico y de costumbres que supuestamente existía entre los habitantes de la Cólquida (actual Georgia) y los egipcios no tiene una base histórica real, si bien nos indica cómo a ojos de un antiguo griego como era Herodoto había cierto parecido físico entre los egipcios y los antiguos habitantes de esta zona del este de Europa.
Mary Lefkowitz, profesora emérita de estudios clásicos en el Wellesley College (EE.UU.) y autora del libro "Not out of Africa" nos dice cómo se veían los griegos a sí mismos, a los egipcios y a los etíopes:
  • Los griegos se describían como personas de pelo entre castaño y negro, y piel clara a morena (light to dark).
  • Los etíopes son  descritos con narices chatas, pelo rizado, labios gruesos y piel negra (black skin).
  • Los egipcios, por su parte, son descritos como personas de piel morena (melanchroes, μελάγχρους, en griego), es decir, igual que algunos griegos. Su pelo es habitualmente rizado (oulotriches, en griego).
La confusión con el término melanchroes/μελάγχρους, ha hecho que habitualmente en la traducción del siguiente pasaje de Herodoto los egipcios sean descritos como negros y no como de piel morena.
CIV. Así me expreso porque siempre he tenido la creencia de que los coleos (es decir, los habitantes de la Cólquida, la actual Georgia) no son más que egipcios, pensamiento que concebí antes que a ninguno lo oyera. Dio motivo a mis sospechas acerca del origen de los coleos el verlos negros de color y crespos de cabellos; pero no fiándome mucho en esta conjetura, puesto que otros pueblos hay además de los egipcios negros y crespos (nótese que no menciona a los etíopes aquí, probablemente porque Herodoto habla de gentes morenas, pero no negras) me fundaba mucho más en la observación de que las únicas naciones del globo que desde su origen se circuncidan son los coleos, egipcios y etíopes (sin embargo, aquí sí se los menciona).
Es decir, Herodoto cree que los egipcios y coleos estaban relacionados no tanto por su apariencia física, ya que él mismo dice que muchos más pueblos eran similares, sino por la costumbre de circuncidar a los hombres. Esta tradición era compartida también con los etíopes.
Safo de Lesbos. S. V a.C. Wikipedia
Sin embargo, no incluye a estos cuando habla de la apariencia física de egipcios y coleos, puesto que desde un principio Herodoto diferencia claramente entre etíopes y egipcios. Por tanto, debemos interpretar las palabras de Herodoto como que los egipcios eran morenos de piel, al igual que otros muchos pueblos, pero no negros como los etíopes.
Además, como nos dice Lefkowitz en su libro, en griego melaina (de donde viene melanina) puede describir simplemente el color moreno de las gentes mediterráneas. Esopo, autor de las fábulas que a más de uno nos ha tocado traducir alguna vez en nuestra vida, la poetisa Safo de Lesbos, o el propio Odiseo fueron también descritos con este término, μελάγχρους.
Para profundizar en el uso de este término en otros textos griegos, y en lo que dicen otros autores clásicos sobre los egipcios podéis ir aquí.
Bailarina egipcia, de cabello rizado
Nosotros vs. Ellos, ¿Cómo se veían a sí mismos los egipcios?
A través del arte y los textos egipcios podemos saber cómo se percibían a sí mismos, frente al resto de sus vecinos, o según la zona del país. 
Las tierras extranjeras de Siria y Kush, así como la tierra de Egipto, tú has puesto a cada hombre en su lugar [...]. Sus colores son diferentes, puesto que tú hiciste distintos a los extranjeros.   
Gran Himno a Atón
Los antiguos egipcios reconocían cuatro pueblos o etnias en el mundo, cada una con sus características físicas y vestimenta diferenciadas.
  • Egipcios: los garantes del Orden o Maat, frente al Caos que suponían el resto de tierras extranjeras. Los hombres se representaban de una tonalidad rojiza, mientras que la mujer presenta un color más claro, amarillento. Esto era la norma, pero podemos encontrar representaciones de personas de piel más oscura, y otras incluso blancas. Lo que ya nos indica que no había un único tipo de egipcio, físicamente hablando.
    Escriba del Museo de El Cairo. Foto: Isabel Cubas
  • Nubios: Vivían en la Alta Nubia (región entre la 2ª y 6ª catarata del Nilo), en la Baja Nubia (la zona entre Elefantina y la 2ª catarata), y en el desierto oriental, entre el Nilo y el mar Rojo. Sus rasgos estereotipados son los de un africano de piel negra, labios gruesos, lampiños, de pelo rizado y nariz chata, reconocibles para cualquier occidental.
    Nubio (izquierda) y miembros de la tribu Hamer de Etiopía (derecha)
  • Libios: pastores seminómadas que se organizaban en sociedades de jefatura, y se movían por las tierras al oeste del valle del Nilo. Su piel era clara, su cabello puede ser claro y pelirrojo, llevaban barba puntiaguda y plumas en la cabeza.
  • Asiáticos: Son representados también con una piel más clara que la de los egipcios, similar a la de los libios, y barbas frondosas. Sus ojos pueden ser claros.
Las cuatro etnias reconocidas por los egipcios: Egipcios, asiáticos, nubios y libios
Además, los egipcios también distinguían entre aquellos de ellos que habitaban al norte y aquellos que lo hacían al sur, ya que los que procedían de la zona septentrional estarían más en relación con los pueblos mediterráneos, mientras que los originarios del sur tendrían más carga genética de poblaciones négridas, como los nubios.
Para cualquiera que recorra el Egipto actual navegando el Nilo (en mi caso fue desde el sur, Asuán, hasta el norte) esto sigue siendo evidente. En Asuán, la antigua frontera con Nubia, las personas que vi eran de piel muy oscura, aunque sin llegar a tener rasgos negroides, mientras que a medida que íbamos hacia el norte la población iba siendo de piel más clara, y más similar a los habitantes de cualquier país del Mediterráneo.
El cuento de Sinuhé expresa muy claramente esa diferencia al describir cuán distinguibles eran los egipcios del norte de los del sur cuando cambiaban de ubicación geográfica <<[...]como se ve un hombre del Delta en Elefantina, un hombre de los cañaverales (norte) en Nubia>>. 
Gentes del valle del Nilo, J.M. Parra
¿Qué nos "dicen" las momias?
Intentar demostrar cuál era el aspecto físico concreto de toda una sociedad, y además a lo largo de miles de años, en un país situado geográficamente en un punto de contacto entre África, Oriente y el Mediterráneo, tal y como pretendía hacer Diop, no solo es imposible, sino también absurdo.
Sí se pueden analizar, no obstante, casos concretos, sin que ello indique en ningún caso que toda la población fuese así.
Empezando por Tutankhamón, su momia fue encontrada en 1922 en su tumba del Valle de los Reyes por Howard Carter. Mucho se ha estudiado el maltrecho cuerpo de este rey niño desde su descubrimiento. Los últimos estudios descubrieron, para sorpresa de muchos, que el haplogrupo al que pertenecía Tut está presente en un 50% de varones de Europa Occidental.
El centro de genealogía iGENEA, de Zurich, ha reconstruido el perfil de ADN del faraón [...]. Los resultados mostraron que Tutankhamón pertenecía a un perfil genético conocido como haplogrupo R1b1a2, al que pertenecen más de un 50% de los varones de Europa occidental, lo que indica que comparten un ancestro común [...]. "Creemos que el ancestro común vivía en el Cáucaso hace unos 9500 años".
El mundo
Este haplogrupo constituye menos de un 1% de los egipcios actuales. Lo cual nos lleva al estudio, según el cual, estos tienen poca relación genética con los antiguos egipcios.
Los egipcios actuales tienen un gran parentesco con los antiguos subsaharianos y una escasa relación con los habitantes del país en la época de los faraones, según un estudio realizado por un equipo de investigadores coordinado por el instituto Max Planck y la Universidad de Tubinga [...]. El segundo dato significativo es el parentesco de los egipcios actuales con los subsaharianos mientras que los habitantes del país en la época de los faraones estarían más cerca genéticamente de los antiguos habitantes de Oriente Medio.
Agencia EFE 
Reconstrucción del rostro de Tutankhamón
La momia del famoso faraón Ramsés II también ha llegado hasta nuestros días. En la década de los setenta fue enviada a Francia para ser restaurada, y se aprovechó para realizar estudios genéticos. Los científicos pudieron comprobar que, de joven, el rey había sido pelirrojo, y de mayor se teñía el cabello con henna. Además, se certificó que su piel habría sido blanca, del tipo africano bereber. 
Mucho se ha discutido sobre el porqué algunas momias egipcias presentan cabellos rubios o rojizos. La mayoría de las veces se cree que es el resultado del paso del tiempo y los productos usados para el proceso de momificación. Pero según la Dra. Janet Davey, del instituto de Medicina Forense de Victoria (Australia), en algunos casos ese habría sido realmente el color del cabello del individuo, según un estudio publicado en The Sidney mornig herald.
No diría que el antiguo Egipto fuese multicultural, como la Australia de hoy en día,  pero sin duda había mezclas diversas, explica Davey.
En la zona de Nubia este mestizaje fue común entre egipcios y nubios. Los estudios llevados a cabo en la ciudad de Tombos, capital del reino de Nubia, así lo indican.
Los análisis realizados a los restos humanos hallados en más de 20 tumbas sugieren que egipcios y nubios se relacionaban entre ellos y tuvieron descendencia. "Lo más significativo para nosotros es que la comunidad que desarrollaron fue cultural y biológicamente integradora", señala Michele Buzon, profesora de la universidad de Purdue (EE.UU.)
Enterramiento en Tombos. Fuente: El Mundo
En cuanto a las reivindicaciones del afrocentrismo sobre la mítica Cleopatra, aunque su momia no se ha encontrado aún, y quizás nunca se haga, sí sabemos que la última reina de Egipto perteneció a una familia de origen macedonio, los Ptolomeos. Esta dinastía, que gobernó Egipto durante trescientos años, llevó a raja tabla la idea de la unión entre hermanos. En caso de que algún rey Ptolomeo tuviera concubinas, estas serían en su gran mayoría de origen también griego. Por tanto, no hay ninguna evidencia de que Cleopatra pudiera tener sangre no griega y, por tanto, ser diferente de otros griegos, de cuyo aspecto físico ya se ha hablado más arriba.
Dibujo y busto de Cleopatra del Altes Museum. S. I a.C.
Ya en época romana tenemos otro ejemplo muy interesante. Se trata del retrato de tipo El Fayum de una mujer, que tiene la única inscripción realizada en demótico de los retratos de esta tipología. En ella se nos dice que la dueña del retrato es Irene, hija de Silvano, un romano, y Semtutis, una egipcia. Por tanto, es uno de los pocos casos conocidos de una mestiza. Su aspecto físico no difiere del de cualquier persona mediterránea.
Retrato de Irene. Museo de Stuttgart. 40-45 d.C.
El país de los faraones vio pasar por sus tierras a lo largo de su historia gentes de etnias variadas; algunos incluso llegaron a sentarse en el trono de Egipto. ¿Era, entonces, requisito indispensable para ser considerado egipcio tener una determinada apariencia física, o haber nacido en Egipto? Lo veremos en la siguiente y última entrada. 

Bibliografía y webgrafía:
-REDFORD, Donald B. (2005): De esclavo a faraón. Los faraones negros de la XXV dinastía. Ed. Crítica. España, Barcelona.
-ALDRED, Cyril. (2005): Los egipcios. Ed. Oberón. España, Madrid.
-PARRA, J.M. (2003): Gentes del valle del Nilo. Ed. Complutense. España, Madrid.
-BRESCIANI, Edda. (2001): A orillas del Nilo. Ed. Paidós. España, Barcelona.
-CIMMINO, F. (2002): Vida cotidiana de los egipcios. Ed. Edaf. España, Madrid.
-GONZÁLEZ-TABLAS NIETO, J. La interacción entre egipcios y nubios a finales del Reino Medio: del topos a la vida cotidiana. El futuro del pasado. 2011, nº 2, pp. 117-130.
-HORACIO GERVÁN, H. Introducción e integración de extranjeros en el Egipto del Reino Nuevo: una aproximación cuantitativa a los anales de Tutmosis III. Anuario de la Escuela de Historia virtual. 2014, nº 5, pp. 1-22.
-Martín Bernal, Atenea negra:
http://libroesoterico.com/biblioteca/HERMETISMO/Atenea%20Negra.pdf 
-Herodoto, Historia: https://archive.org/details/ost-history-cu31924088051747/page/n10
-Mary Lefkowitz, Not out of Africa: https://archive.org/details/Not-Out-Of-Africa/page/n2
-https://www.youtube.com/watch?v=6oUr3Zrpj0k&t=1s
-https://www.youtube.com/watch?v=s37MMoRYKjE&t=7006s
-https://iwuzkang.wordpress.com/2018/10/07/ancient-greeks-description-of-the-ancient-egyptians/
-https://www.elmundo.es/ciencia/2016/05/29/573f018eca4741c6128b4641.html
-https://www.elmundo.es/elmundo/2011/08/01/ciencia/1312225554.html
-https://www.efe.com/efe/espana/sociedad/adn-de-momias-muestra-la-poca-relacion-los-egipcios-actuales-con-faraones/10004-3281752#
-https://www.smh.com.au/technology/some-ancient-egyptians-were-natural-blondes-20160426-gof9hn.html
-http://www.africanidad.com/2011/12/historia-wanafrika-antiguos-egipcios_7.html
-https://web.archive.org/web/20061205015526/http://chss.montclair.edu/english/furr/afrocent.html


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