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martes, 13 de abril de 2021

La reina Nefertiti, poder y belleza

"Clara de rostro,

Felizmente ataviada con la doble pluma.

Soberana de felicidad

Dotada de todas las virtudes,

con cuya voz todos se regocijan

señora de gracia, grande de amor,

sus sentimientos regocijan

al Señor de los Dos Países…

la princesa hereditaria,

grande de favor,

dueña de la felicidad,

resplandeciendo con sus dos plumas,

regocijando con su voz a quienes la oyen,

hechizando el corazón del rey en su casa,

satisfecha de todo cuanto se dice.

La gran y muy amada esposa del rey,

Señora de los dos países,

"Bellas son las bellezas de Atón" (Nefer Neferu Atón)

"La bella ha venido" (Nefertiti)

Viva por siempre".

Como demuestran estas palabras de su propio esposo, el polémico Akhenatón, grabadas en una de las estelas fronterizas de la ciudad de Amarna, la más famosa reina egipcia (con permiso de Cleopatra) destacó ya en su tiempo por su mítica belleza, que ha quedado inmortalizada hasta nuestros días en el busto del Museo de Berlín, y se ha intentado recrear en decenas de películas, novelas y documentales.

Como previendo el don de la belleza con el que los dioses bendecirían a su hija, posiblemente fuera la madre de la niña Nefertiti quien elegiría dicho nombre para su pequeña. Literalmente "la bella ha llegado" (en egipcio, neferet-ity), sin embargo es probable que su progenitora no pudiera llegar a ver la mujer en que se convertiría Nefertiti, debido a su temprana muerte.

Aunque no existan pruebas arqueológicas concluyentes que nos permitan saber con total seguridad los nombres de los padres de la reina, la mayoría de estudiosos del antiguo Egipto ven al más probable candidato para ser su padre en el personaje de Ay, descartando ya las teorías que hace unas décadas relacionaban su nombre con un posible origen extranjero, identificándola incluso con la princesa mitania Taduhepa, que viajó a Egipto para desposarse con el faraón Amenhotep III. Tampoco se trataría de una princesa, ya que no poseyó el título de “hija del rey” que estas sí tenían.

Por tanto, parece probable que Nefertiti fuera hija del ya mencionado Ay, un alto dignatario de la corte, con los cargos de teniente general del cuerpo de carros y escriba del rey. Otra prueba a su favor es que poseyó el título it-netjer o “Padre divino”, que puede interpretarse también como suegro del rey. Este mismo título ya lo había tenido su padre, Yuya, quien sí sabemos que fue suegro de Amenhotep III.

Sarcófago de Yuya
Sarcófago de Yuya
Ay, que años después se convertiría él mismo en faraón, contrajo segundas nupcias con una mujer llamada Tiy, que además fue nodriza de la propia Nefertiti; de ahí que se piense que su madre no habría sido esta mujer, quien sin embargo sí lo fue de la otra hija de Ay: Mut Neyemet, que tras la época de Amarna sería reina también al casarse con Horemheb.

La joven Nefertiti crecería en palacio o bien en Akhmin, en el Egipto Medio, la ciudad de procedencia de su familia, junto a su medio hermana Mut Neyemet, bajo los atentos cuidados de su madrastra Tiy y de su padre Ay.

Por su parte, el joven Amenhotep (más tarde Akhenatón) llevaría la vida acomodada y tranquila de un hijo del faraón que, sin embargo, no estaba destinado a gobernar, pues esa responsabilidad sería de su hermano mayor Tutmosis. Pero la muerte repentina de este príncipe cambiaría tanto el futuro de Amenhotep (Akhenatón) y Nefertiti, como el del propio Egipto.

Los reyes debieron desposarse antes de la coronación de Amenhotep IV, siendo muy jóvenes, algo habitual en el antiguo Egipto. ¿Vio Tiyi en su sobrina, hija de su hermano Ay, a una perfecta candidata para desposarse con el príncipe heredero Tutmosis, antes de su temprana muerte? ¿Prefirió reservarla para su hijo menor Amenhotep, que no estaba destinado en principio a gobernar, por no ser ella una princesa? Igualmente podríamos plantearnos si la desaparición del príncipe Tutmosis fue accidental o no, o si en el matrimonio entre Akhenatón y Nefertiti jugó algún papel el amor, como intentaron dejar patente posteriormente en sus representaciones. Lo más seguro es que nunca podamos responder a estos interrogantes. Fuera como fuese, el hecho es que hacia el año 1352 a.C. el joven Amenhotep, cuarto de su nombre en subir al trono, fue coronado faraón y, de esta manera, su esposa y prima, la bella Nefertiti, asumió el papel de Gran Esposa Real. 

A pesar de ser conocida por su belleza, Nefertiti no se limitó a ser una simple reina destinada únicamente a dar a luz a los hijos del rey, sino que jugó un importante papel en la vida política y religiosa de Egipto, tanto antes como después de la llamada revolución de Amarna. No en vano, su antecesora en el cargo, la reina madre Tiyi, fue un gran ejemplo para la joven reina. Esta dama, posiblemente su tía, cuyos retratos muestran un gesto serio y decidido, debió ejercer una gran influencia tanto en su hijo como en su nuera durante los ocho años que sobrevivió a su esposo. En vida de este, Tiyi había sido una fiel y eficaz colaboradora en las tareas de gobierno, llegando a ser reconocida por los soberanos de otras naciones vecinas, como Mitanni. A la muerte de Amenhotep III, el rey mitanio Tushratta aconsejaba al nuevo faraón que preguntara a su madre por los asuntos de estado, pues nadie los conocía tan bien como ella. 

Momia de la reina Tiyi

Solarización religiosa: 

El comienzo del reinado de Amenhotep IV (nombre que significa "Amón está satisfecho") no hacía sospechar aún lo que vendría después, aunque ya desde tiempos de su abuelo Tutmosis IV y de su propio padre, Amenhotep III, se venía viendo un acercamiento al dios sol y al clero de Ra de Heliópolis, es decir, una solarización religiosa, quizás como una manera de ponerle freno al poderoso clero de Amón.

Antes de trasladar la capital a Akhetatón (actual Tell el-Amarna), Amenhotep IV planificó llevar a cabo un ambicioso proyecto constructivo en Tebas, algo nada novedoso en apariencia. Pero en lugar de dedicar estas construcciones al gran dios Amón, Amenhotep IV/Akhenatón proyectó unos monumentos destinados al disco solar, Atón. Estos se levantarían fuera del muro este de Karnak, es decir, fuera de los dominios de Amón Ra. El primero de estos templos es el Gem-pa-Atón, "Atón ha sido encontrado". En su interior el faraón mandó erigir estatuas colosales suyas y de la Gran Esposa Real. Pero no eran estatuas tradicionales, sino que ya mostraban las características propias del llamado arte amarniense: miembros delgados y largos, vientres abultados, amplias caderas y muslos grandes y una cara alargada, que les daban una apariencia extraña y surrealista que a menudo se ha interpretado como un indicio de enfermedad. No obstante, hoy en día se cree más probable que esta apariencia tan distinta al arte tradicional fuese intencionada, de manera que se marcase la diferencia con todo lo anterior. El faraón y la reina se distinguen así del resto, acercándose a la divinidad; su apariencia andrógina recuerda que el rey es el hijo de Atón, quien es a la vez el padre y madre de la humanidad. 

La propia apariencia del dios también cambió: antes de Akhenatón se le había representado como un hombre con cabeza de halcón. Ahora era un disco solar del que brotaban numerosas manos que portaban el ankh, símbolo de la vida. 

La pareja real junto a sus tres hijas mayores. Museo Egipcio de El Cairo. Wikipedia.

Nefertiti, gran sacerdotisa de Atón: 

La participación de Nefertiti en la llamada revolución amarniense no se puede poner en duda, pues la arqueología nos demuestra que estuvo tan implicada en la instauración del atonismo como su propio esposo. Participó junto a Akhenatón en todas las ceremonias oficiales en honor a Atón, e incluso realizó los rituales de culto en solitario, como gran sacerdotisa del dios. Esto es así desde el comienzo del reinado, pues nos encontramos con que uno de los templos que el faraón mandó construir en Tebas, el llamado hut benben o "Mansión de la piedra benben", fue un templo donde la reina llevó a cabo el culto diario a Atón en solitario. 

Nefertiti aparece en la decoración como figura principal, en ocasiones acompañada por su hija mayor Meritatón, pero nunca de su esposo. Esto supone toda una novedad y nos indica la importancia que alcanzó Nefertiti al no necesitar la compañía del rey, hasta entonces el único intermediario entre el mundo divino y humano; Nefertiti casi había adquirido la categoría de faraón. 

Además, otro dato interesante es que en los talatats, los pequeños bloques de piedra con los que se construyeron los templos de Atón, el nombre de Nefertiti aparece casi el doble de veces que el del rey. En Akhetatón, la nueva capital fundada en honor al dios Atón, Nefertiti continuó con sus tareas rituales, teniendo a su cargo un clero femenino. 

Nefertiti ofrendando a Atón, acompañada de su hija. Museo Ashmolean, Oxford.

La importancia de la celebración de los rituales era fundamental puesto que, rechazada la existencia de un Paraíso en la doctrina de Akhenatón, el proceso de culto era imprescindible para ayudar en la “resurrección” diaria de las almas que habían quedado “dormidas” durante la noche. Estas resucitaban al alba, a la salida del sol, y se alimentaban de las ofrendas de los altares del dios durante el día, hasta volver a quedar en letargo cuando Atón se ocultaba. 

Antes de prohibir el culto al resto de dioses en torno al noveno año de reinado, Akhenatón y Nefertiti, acompañados de sus hijas, ya habían sustituido a las tradicionales tríadas divinas al aparecer representados en estelas.  Estas se han encontrado en  las ruinas de las casas de Amarna, y habrían servido para que el pueblo realizara sus plegarias, que serían así transmitidas a Atón por medio de sus únicos intermediarios, la familia real. Igualmente, las antiguas procesiones de dioses celebradas durante las fiestas religiosas fueron sustituidas por las de la familia real, que cada día se desplazaba en un lujoso carro por el Camino Real de Amarna desde el palacio hasta el templo, acompañados de soldados y guardias personales del faraón.

En cuanto al mundo funerario, aunque la momificación del cuerpo siguió practicándose, Osiris perdió su papel de rey de los muertos. Se abandonó la idea de un viaje nocturno del sol por el inframundo; de hecho no se sabía bien dónde iba el Atón por las noches. Las almas de los difuntos simplemente dormían, “resucitando” cada mañana con la nueva salida del sol. Por tanto, no era necesario un juicio ni el pesado del corazón para considerar maatyu ("justificado") a un fallecido, sino que alcanzaba dicha categoría mediante la lealtad al faraón que había mostrado en vida. De esta forma, la pareja real se convertía en los garantes de una vida después de la vida, aunque muy distinta de la existencia paradisíaca de la religión anterior. 

Ahora son los reyes y sus hijas los representados en las paredes de las tumbas, sustituyendo a los antiguos dioses funerarios. La bella Nefertiti (u otro miembro de su familia) aparece en las cuatro esquinas del sarcófago con la misión de proteger el cuerpo del difunto, sustituyendo a diosas tan importantes del antiguo panteón como la propia Isis.

Los reyes en procesión montados en un carro. Tumba del jefe de policía Mahu. Amarna

Sin duda, en todo este proceso Akhenatón se vio plenamente apoyado por su esposa Nefertiti. En una nueva muestra de su devoción por el dios Atón ambos reyes cambiaron sus nombres en el año cinco de reinado: Amenhotep IV pasó a ser Akhenatón, mientras que Nefertiti se añadió el nombre de Nefer Neferu Atón  ("Bellas son las bellezas de Atón"). 

Por otra parte, la reina también tenía por primera vez la facultad de condecorar a sus fieles súbditos, incluidas las mujeres. Para ello entregaba regalos como grandes collares de oro desde la llamada “Ventana de las apariciones”. Una de las damas distinguidas con tal honor fue Meretre, que se hizo representar en su tumba recibiendo estos honores de parte de la reina, acompañada de sirvientes y música.

Descendencia:

Akhenatón y Nefertiti fueron padres de seis niñas, nacidas a lo largo de los primeros nueve años de reinado. A pesar de que se ha especulado con la posibilidad de que Nefertiti fuera la madre del rey Tutankhamón, no hay pruebas que confirmen este hecho. A día de hoy sólo se le reconoce la maternidad de las princesas Meritatón, Maketatón, Ankhesenpaatón, Neferneferuatón, Neferure y Setepenre, pero de ningún hijo varón.

No obstante, la falta de un heredero de sexo masculino no pareció preocupar especialmente a los reyes, pues las escenas de la pareja real acompañada por sus hijas son habituales en el arte de Amarna. Así, podemos verlos dándose muestras de cariño, comiendo en un banquete, rindiendo culto a Atón o en las ya mencionadas "Ventanas de apariciones" recompensando a algún súbdito por sus buenos servicios al estado. Pero lejos del hieratismo del arte anterior, estas escenas íntimas nos muestran el amor que se profesaba la familia, tanto en los actos públicos como en la intimidad del palacio. No obstante, no hay que dejarse engañar; estas escenas no son gratuitas, sino que buscan transmitir una idea: la felicidad de la familia real se debe a la bendición de Atón, que preside las escenas desde lo alto, tocando con sus rayos/manos a la familia real.

Este predominio de figuras femeninas acompañando al rey ha llevado a egiptólogos como Barry J. Kemp a hablar de una especie de “matriarcado de Atón”, puesto que no existe ninguna representación de la familia real en las que aparezca un príncipe heredero varón. Pero teniendo en cuenta que el faraón tuvo varias esposas secundarias aparte de Nefertiti parece poco probable que no naciera ningún niño. Si realmente el rey Tutankhamón era hijo de Akhenatón (y de otra de sus esposas, como Kiya), su ausencia podría tomarse como una prueba más de la importancia del sexo femenino en la ideología atoniana. 

El final de la reina:

Busto de Meritatón. Louvre
Los constantes embarazos de Nefertiti debieron interpretarse como una muestra de la bendición de Atón a los reyes por la devoción que le mostraban. Por esa misma razón, la muerte de la segunda de sus hijas, Maketatón, en el año doce de reinado siendo aún una niña debió ser un golpe terrible para la familia real, cuyo dolor podemos ver aún reflejado en los muros de la tumba real de Akhetatón. Las tres hijas menores también desaparecen de los anales, por lo que se ha especulado con la posibilidad de una epidemia que asoló la ciudad de Amarna, arrebatándoles la vida a las cuatro princesas en poco tiempo. 

Este año doce es clave en la vida de Nefertiti, no solo por la muerte de una o, quizás, varias de sus hijas, sino también porque a partir de entonces desaparece de los documentos oficiales y de los monumentos de Amarna. El puesto de Gran Esposa Real lo asume entonces su primogénita, Meritatón. 

Se ha especulado mucho con el motivo de esta desaparición, barajándose o bien una caída en desgracia de la reina, que se recluyó en el palacio norte de Akhetatón, o bien incluso su muerte, quizás por la mencionada epidemia. No obstante, una tercera posibilidad se nos presenta; casi al mismo tiempo de la desaparición de Nefertiti, aparece un corregente junto a Akhenatón, que lleva por nombre, precisamente, Neferneferuatón, uno de los nombres de la reina. Estamos pues ante la conversión de la reina en “rey”. No hay duda de que Nefertiti había asumido la corregencia junto a su esposo, llegando a adoptar una seudo titulatura real al estilo de los faraones con el nombre de Neferneferuatón Ankh(et)kheperura. 

Escena del Durbar. Fuente: amigosdelantiguoegipto.com

Otro indicio de esto lo encontramos en la tumba del superintendente Merire II, en la necrópolis norte de Amarna, donde se representa el Durbar, el festival en el que las embajadas procedentes de países extranjeros ofrecen sus tributos a Akhenatón. Aunque aparentemente solo hay una figura en el trono, el número de pies y piernas confirma que, en realidad, hay dos personas; al solaparse ambas figuras se nos está indicando la relevancia que había adquirido Nefertiti antes de su “desaparición”. Ella y Akhenatón son igual de importantes.

Los motivos que impulsaron a Akhenatón a convertir a su esposa en corregente oficial nos son desconocidos, aunque se ha especulado con la posibilidad de que existiera una fuerte oposición a su régimen, probablemente en Tebas, para lo cual el rey habría contado con una corregente de su entera confianza que le ayudara a controlar la situación y continuar con el atonismo. 

Sin embargo, la vuelta a la antigua religión era inevitable tras la muerte de Akhenatón en su año diecisiete de reinado. La desaparición del rey hereje habría creado una gran confusión e incertidumbre en el país, y también esperanzas entre ciertos personajes por volver a la ortodoxia religiosa anterior al periodo de Amarna. En un grafito de la tumba TT 139 de Tebas fechado en el año tres del faraón Ankhkheperura Neferneferuatón un escriba hace un llamamiento al dios Amón para que regrese y despeje la oscuridad que había caído sobre sus seguidores. Si tenemos en cuenta que para algunos egiptólogos este faraón no sería otro que la propia Nefertiti estaríamos ante la prueba de que esta mujer llegó a la cima del poder y, una vez muerto su esposo, y quizás contraviniendo sus últimos deseos, intentó un acercamiento con los fieles de Amón. 

Sea como fuere, los acontecimientos que tuvieron lugar después del año doce de Akhenatón aún siguen siendo confusos ante la falta de pruebas que nos demuestren qué ocurrió realmente. ¿Fue Nefertiti la sucesora en el trono de Akhenatón?  ¿Era Smenkhare un hombre real, o fue otro de los nombres que adoptó la reina? Tampoco sabemos cuándo ni cómo murió Nefertiti, pues su tumba y momia aún no han sido halladas, aunque últimamente mucho se esté especulando sobre la posibilidad de que esté enterrada en las supuestas cámaras ocultas de la tumba de Tutankhamón. 

Nefertiti, con su característica corona, golpeando enemigos al estilo de los faraones masculinos. Museum of Fine Arts, Boston. Wikipedia

*Artículo publicado originalmente en Egiptología 2.0 nº 4 (julio 2016).


Bibliografía:

JACQ, C. (1992): Akhenatón y Nefertiti, la pareja solar. Ed. Martínez Roca, S.A. España, Barcelona.

BEDMAN, T. (2007): Reinas de Egipto, el secreto del poder. Ed. Alianza. España, Madrid.

SHAW, I. (2007): Historia del antiguo Egipto. Ed. La esfera de los libros, España, Madrid.

WILKINSON, T. (2007): Vidas de los antiguos egipcios. Ed. Blume, España, Barcelona

KEMP, B.J. (1996): El antiguo Egipto, anatomía de una civilización. Ed. Crítica. España, Barcelona.


jueves, 5 de diciembre de 2019

Ramsés II, el hijo del sol (III parte): faraón guerrero

El largo reinado de sesenta y seis años del faraón Ramsés II, y la época de prosperidad que vivió, le permitieron llevar a cabo numerosos proyectos constructivos, por lo que es el rey con mayor presencia en toda la geografía egipcia. 
Su rostro redondeado, de nariz prominente, pómulos altos, ojos almendrados y sonrisa permanente nos contempla desde museos de todo el mundo. Ramsés consiguió así garantizar su lugar en la eternidad, ya que en caso de que su momia hubiese desaparecido su alma podría haber encontrado reposo en sus estatuas, según las creencias egipcias.
Pero otro aspecto muy destacado del rey fue su faceta como faraón guerrero. Ya hemos visto que el rey debía garantizar la Maat no solo con la construcción de templos a los dioses, sino también protegiendo el territorio egipcio. No en vano uno de sus nombres de coronación fue El que protege a Egipto y somete a los países extranjeros.
Ramsés II. British Museum. Fuente: ancient-origins.es
Faraón guerrero:
La familia ramésida no era de origen real, sino que procedían del estamento militar. Fue el faraón Horemheb, otro militar como ellos, quien les dio acceso al trono al elegir como sucesor (ya que él no tenía hijos varones) al anciano Ramsés I.
El hijo de éste, Seti I, quiso que el príncipe Ramsés aprendiera el arte de la guerra desde muy joven, por lo que le acompañó en las campañas militares contra asiáticos, libios y nubios desde su adolescencia. 
Aunque recibió el título de Comandante en jefe del ejército con sólo diez años, no sería hasta años más tarde cuando el aún príncipe Ramsés comandaría las tropas egipcias por primera vez, para frenar una revuelta en la Baja Nubia. Para entonces el príncipe heredero tenía ya varios hijos con sus esposas Nefertari e Isis Nofret. Años más tarde se hizo representar en los muros del templo nubio de Beit el Wali derrotando a los nubios junto a sus hijos, a pesar de que entonces eran unos niños de cuatro y cinco años.
En el año 20 de reinado, y al igual que hiciera Seti I con él, Ramsés encargó a sus hijos mayores (principalmente de Isis Nofret) sofocar una revuelta en Nubia, de la cual se obtuvo 7000 prisioneros, según las fuentes.
El príncipe Ramsés y sus hijos (derecha) se enfrentan a los nubios. Beit el Wali. 
Aunque la batalla de Qadesh es la mas famosa, durante su largo reinado Ramsés tuvo que guerrear en otras ocasiones. El primer enfrentamiento de su reinado se produjo durante el año 2 contra los piratas sherden, que formaban parte de los misteriosos Pueblos del mar. Estos piratas procedentes probablemente de Cerdeña se dedicaban a robar el cargamento de los barcos que cruzaban el Mediterráneo. Pero no contentos con eso, en ocasiones desembarcaban en las costas del delta, atacando navíos y saqueando ciudades egipcias.
Para acabar con estos ataques, Ramsés situó a sus tropas y barcos en puntos estratégicos a lo largo de la costa. Cuando los sherden volvieron a atacar, fueron pillados por sorpresa y derrotados. Sin embargo, debido a sus habilidades como mercenarios el faraón los incorporó a su ejército e, incluso, creó una guardia personal compuesta por estos hombres, cuyo característico casco con cuernos y escudo redondo fueron representados en el arte egipcio.
No mucho después de neutralizar a los sherden, Ramsés estableció una línea defensiva en la frontera noroeste de Egipto. Al igual que en Nubia, se construyeron una serie de fuertes para proteger la zona del borde del delta y la costa oeste, desde Umm el-Rakham hasta Menfis. Estos fuertes con muros de 12 metros de altura y control sobre los pozos de agua dominaban la línea de costa y daban provisiones y protección a los barcos que seguían la ruta comercial entre Creta y Menfis. Además, servían de freno a los intentos de invasión del delta por parte de las tribus libias.
Fuertes del Noroeste del delta (en rojo) . Fuente: histoiredelantiquite.net
El imperio egipcio llegó a su máxima expansión en tiempos de Tutmosis III (1479-1425 a.C.). Sin embargo, durante el gobierno de Akhenatón y sus efímeros sucesores la influencia egipcia en Oriente Próximo se vio muy perjudicada por el desinterés del llamado faraón hereje en la política exterior. Al mismo tiempo que esto pasaba, el principal aliado de Egipto en la zona, el reino de Mitanni (Naharina en egipcio), caía en decadencia en beneficio del reino de Hatti.
Así, los intentos por recuperar la ciudad estado-siria de Qadesh en tiempos de Akhenatón y Tutankhamón resultaron en fracaso. Sólo con la llegada de Seti I al trono se lograría recuperar brevemente la ciudad.
Ciudad de Qadesh y región de Amurru, en Siria. Fuente: Auge y caída del antiguo Egipto.
Pero, ¿por qué era tan importante Qadesh? Esta ciudad-estado siria (actual Tell Nebi Mend) estaba situada en el fértil valle del río Orontes, y controlaba una de las pocas rutas que cruzaban la cordillera de la costa uniendo la Siria interior con el litoral mediterráneo. Por ello era de gran importancia estratégica para controlar la región entera. Siglos más tarde, a pocos kilómetros de allí, los Cruzados construirían el Crac de los caballeros, el mayor castillo cruzado.
Además, al estar en una bifurcación fluvial formada por el río Orontes y uno de sus afluentes, Qadesh estaba protegida por tres de sus cuatro lados. En el lado sur se excavó un canal que unía ambos ríos y que, de hecho, convertía a la ciudad en una isla.
Qadesh, Siria. Actual Tell Nebi Mend. Durham University
Qadesh controlaba un punto estratégico en la zona. Oxford University
Ramsés había sido testigo de la breve recuperación de Qadesh por parte de su padre, y veía como una humillación al poder egipcio que esta hubiera vuelto a pasar al bando hitita. Decidido a acabar con esta situación, en el año 4 de reinado lanzó su primera campaña militar en Siria, con el objetivo de recuperar la influencia egipcia en Amurru, una vasta región de Siria central situada entre el río Orontes y el mar Mediterráneo, cuyo rey era ahora vasallo del hitita. 
Ramsés recuperó el control sobre Amurru, su rey Benthesima volvió a pagar tributo a Egipto, y reafirmó su poder en las zonas ya controladas por Egipto, donde además dejó guarniciones del ejercito para que controlaran las posibles revueltas instigadas por los hititas. 
Tenemos constancia de esta campaña del año 4 por las estelas que Ramsés mandó erigir a su paso por las ciudades portuarias de Tiro y Biblos, en El Líbano.

La batalla de Qadesh:
Los caballos de Ramsés II en un anillo. Louvre
Una vez recuperado el control en Amurru, Ramsés volvió a Egipto para terminar de preparar la campaña que devolvería el dominio egipcio sobre la ciudad estratégica de Qadesh. El rey hitita Muwatallis, por su parte, formó una coalición con otros príncipes asiáticos para enfrentarse al ejército del faraón. Contaba con 2500 carros y 37000 soldados de infantería.
Con treinta años, en la primavera de su quinto año de reinado (1274 a.C.) Ramsés II marchó con su ejército en un carro tirado por sus dos caballos preferidos: Victoria en Tebas y Mut está satisfecha, y acompañado de su león. 
Los soldados egipcios y mercenarios extranjeros (sherden, libios y nubios) sumaban 20000 hombres, divididos en 4 divisiones de 5000: Amón (la principal, al mando del faraón, formada por soldados de Tebas), Ra (de Heliópolis), Ptah (Menfis) y Seth (delta). El faraón contaba también con 2000 carros.
Atravesaron Gaza, subieron por la costa, pasando por Tiro y Biblos, y finalmente se aproximaron a Qadesh un mes después, atravesando el valle de Bekka. 
Valle de Bekka, Líbano. Fuente: Los viajes de Ali
Al mismo tiempo, la fuerza de élite formada por soldados naharinos que el faraón había preparado en la campaña anterior marcharon también a Qadesh por mar, remontando la costa fenicia, con la orden de llegar a la ciudad el mismo día que Ramsés y sus 4 divisiones. Estos soldados resultarían muy útiles, como veremos.
Ramsés y sus soldados alcanzaron el bosque de Labwi, a unos 16 kilómetros al sur de Qadesh, donde los guardias egipcios capturaron a dos beduinos sashu entre los árboles. Tras ser interrogados, informaron de que Muwatallis y sus hombres estaban a 200 kilómetros al norte de Qadesh, demasiado asustados como para acercarse sabiendo de la llegada del ejército egipcio. Al encontrarse a varios días de distancia, el faraón consideró que podía tomar la ciudad fácilmente con su división ese mismo día. Ordenó entonces atravesar el Orontes e instalar el campamento al noroeste de Qadesh. Después, la división Ra se dispuso a atravesar el vado, mientras que las otras dos estaban todavía más al sur.
Pero dos espías hititas fueron capturados y desvelaron la verdad: que el ejército hitita estaba al otro lado de la ciudad, listo para atacar. 
Ramsés reunió con urgencia a su consejo de guerra, como vemos en  la imagen de abajo. Se enviaron mensajeros a las dos divisiones más alejadas para que acelerasen la marcha y pudieran ayudar a sus compañeros ante el inminente ataque. Pero entonces aparecieron los carros hititas, impidiendo que la división de Ra llegase junto a la de Amón, dejando a ésta y al faraón acorralados. 
Con la ayuda de su padre, el dios Amón, y de su auriga Menna el faraón y sus hombres encararon a los hititas, aunque estaban claramente en desventaja. Finalmente, como oyendo sus plegarias, las tropas naharinas, que habían seguido la ruta de la costa por orden del faraón, aparecieron por el noroeste justo a tiempo y acudieron en ayuda de la división de Amón. 
La llegada de los naharinos del faraón (venía) del país de Amurru. Encontraron que la tropa de los enemigos del Hatti habían entrado en el campamento del faraón por el lado oeste [...]. Y los naharinos atacaron la tropa del vil vencido del Hatti, mientras entraba en el campo del faraón. Los servidores de Su Majestad los mataron y no permitieron escapar a ninguno de los dos, su corazón fortalecido por la gran fuerza del faraón.
Ahora eran los hititas, dedicados al saqueo del campamento por creerse ya victoriosos, quienes fueron pillados por sorpresa. Gracias a los naharinos, las divisiones de Amón y Ra pudieron reagruparse, y finalmente llegó la división de Ptah. Ramsés lideró entonces la carga contra la caballería hitita, haciéndola retroceder y cruzar el vado del río cercano a Qadesh. Al menos dos hermanos del rey Muwatallis murieron, uno de ellos ahogado en el río. El rey hitita, que había permanecido lejos del combate junto a la infantería, ordenó la retirada de sus tropas a la ciudadela, que fue puesta bajo asedio.
La ciudadela de Qadesh asediada por los egipcios. Abu Simbel
A la mañana siguiente las tropas egipcias, ya recuperadas, se disponen de nuevo a la lucha. Sin embargo, habían perdido muchos hombres, y a Muwatallis tampoco le interesaba un largo asedio, así que cuando el hitita propuso un armisticio al faraón, este aceptó. Los hititas recuperaron el control de Amurru y Qadesh (y destituyeron al rey Benthesima), y los egipcios mantuvieron el poder en la costa levantina y el territorio al sur de Qadesh.
Por tanto, el objetivo principal de la campaña fracasó, ya que Qadesh no fue tomada por los egipcios. De hecho, nunca se representa esto en las imágenes, ni se menciona en los textos egipcios. Pero el faraón sí presentó su gran victoria frente al ataque de los hititas, gracias al dios Amón, en los muros de Abu Simbel, Karnak, Luxor, Abydos y el Rameseo. Las imágenes van acompañadas de textos en los que se narra el desarrollo de los hechos: en el llamado <<Boletín>>, un breve informe, y en el <<Poema de Pentaur>>, más extenso, redactado por dicho escriba.

Después de Qadesh:
La rivalidad entre egipcios e hititas duró otros quince años más, durante los cuales siguieron disputándose la influencia sobre estados y ciudades, que cambiaban sus lealtades según sus intereses, u obligados por las armas de un bando u otro.
La campaña fracasada para tomar Qadesh dio pie a algunos gobernantes locales a organizar revueltas contra el poder egipcio y a dejar de pagar los tributos, de manera que en los años siguientes Ramsés y su ejército tuvieron que volver a reestablecer su autoridad en Canaán y en torno al mar Muerto, en Galilea.
Entre los años 8 y 10 de reinado se tomaron dieciocho ciudades, entre las que destacan Dapur y Tunip, al norte de Qadesh, que se habían perdido hacía 120 años. Se intentaba con ello aislar a Qadesh. Esta vez sí, Ramsés dejó constancia en los muros de Luxor y el Rameseo del asedio y conquista de estas ciudades, acompañado de sus hijos mayores.
Las flechas atravesando la bandera indican que Dapur sí fue tomada por los egipcios
Sin embargo, al ser ciudades más cercanas al reino hitita que al egipcio, el control sobre ellas duraba poco. Las guarniciones de soldados egipcios dejadas allí no podían hacer frente a los hititas cuando volvían para recuperarlas. Este círculo vicioso de batallas y enfrentamientos, y de lealtades cambiantes, solo pudo llegar a su fin por dos circunstancias: el ascenso de los asirios, y las disputas por el trono hitita entre el hijo y el hermano del ya fallecido Muwatallis. Podéis leer sobre ello en esta otra entrada: La lucha por el trono hitita.
El desgaste por las continuas guerras y la amenaza de nuevos enemigos llevó a Ramsés II y al nuevo rey hititia, Hattusil III, a optar por la diplomacia en lugar de la guerra, y a firmar en el año 21 de reinado el primer tratado de paz de la Historia que se conserva.
Versión hitita del tratado de paz
I parte: Ramsés, el hijo del Sol
II parte: Ramsés, faraón constructor

Bibliografía:
-MENU, BERNADETTE (1998): Ramsés II. Ed. Ediciones B. España, Barcelona.
-DESROCHES NOBLECOURT, C. (1998): Ramsés II, la verdadera historia. Ed. Ediciones Destino. España, Barcelona.
-TYLDESLEY, J. (2000): Ramesses. Egypt's Greatest Pharaoh. Ed. Penguin books. England.
-SHAW, Ian. (2007): Historia del antiguo Egipto. Ed. La esfera de los libros. España, Madrid.
-WILKINSON, Toby. (2011): Auge y caída del antiguo Egipto. Ed, Debate. España, Barcelona


viernes, 26 de octubre de 2018

Istopia Historia Nº 78 - Colaboración (la casa jeneret)

Buenas noches, amigos. Hace unos días volví a colaborar en el programa de radio de Juan Ramón Ortega, Istopia Historia, en radio Iznájar. En esta ocasión estuvimos hablando sobre la llamada casa jeneret (comúnmente conocida como harén), de la cual también escribí un artículo para Egiptología 2.0
"Juan Ramón Ortega presenta el programa de Historia de radio Iznájar, Istopia Historia. Esta semana Iris Rodríguez nos explica la vida de Gonzalo Guerrero y su integración con los indígenas que le llevó a luchar contra los españoles. María Isabel Cubas nos habla de un lugar del antiguo Egipto conocido como casa Jeneret. Finalmente, con Juanan Rojas conocemos más de Torre Pesquera, situada entre las localidades de Zagra y Fuentes de Cesna".
Podéis escuchar y descargar el programa en el siguiente enlace: Istopia Historia nº 78.
Si os interesa escuchar mis anteriores colaboraciones, podéis hacerlo Aqui (Nefertiti) y Aquí (Merneith). 

miércoles, 4 de julio de 2018

Nº 12 Egiptología 2.0 (julio 2018)

Muy buenas tardes desde Edimburgo. Por motivos laborales me he mudado recientemente a esta ciudad, por lo que seguramente las entradas en el blog se verán aún más limitadas (lo lamento). Mi bliblioteca personal no me ha podido acompañar, y ya sabéis que es de ahí de donde extraigo la mayor parte de la información para escribir las entradas. No obstante, esto no afectará a mi habitual colaboración en Egiptología 2.0.
Castillo de Edimburgo
Un nuevo trimestre os traigo mi artículo para esta revista gratuita, la número doce ya, en el que continúo hablando de las reinas faraón. Pero, además, encontraréis más artículos interesantísimos de un montón de profesionales. Espero que la disfrutéis.
Egiptología 2.0- Nº 12
Para descargarla totalmente gratuita, pinchad AQUÍ. Hasta pronto.


jueves, 12 de abril de 2018

Colaboración en el programa "La puerta de la pirámide"

Buenas tardes, amigos del templo de Seshat. En esta entrada os traigo las dos colaboraciones que he realizado en los últimos meses en el programa de radio "La puerta de la pirámide", dirigido y presentado por Jorge Arijón, en Onda Diamante 98.3 FM.
El pasado 6 de marzo, con ocasión del día internacional de la mujer, fui invitada para hablar sobre las antiguas egipcias. Podéis escucharlo en el siguiente enlace (a partir del minuto 80): 

Mi última colaboración fue el pasado 10 de abril, en la cual intervine para contar la historia de la peculiar Omm Seti. Si no sabéis quién fue esta mujer, podéis averiguarlo en el siguiente enlace, a partir del minuto 192: 
Omm Seti
Aquí os dejo el enlace de la entrada del blog a la que hago referencia: ¿Se han encontrado momias en las pirámides?
Finalmente, quiero dar las gracias a Jorge por invitarme a su programa y a todos los radio oyentes que nos escuchan. Fue una gran experiencia para mí poder compartir un poquito de la historia de la fascinante civilización egipcia con todos vosotros. 

lunes, 9 de abril de 2018

Nº 11 Egiptología 2.0 (abril 2018)

Buenos días, amigos del templo de Seshat. Desde hoy tenemos ya disponible para descargar el número 11 de Egiptología 2.0, pinchando AQUÍ.
En esta ocasión mi artículo sobre las soberanas del Nilo ocupa la portada.
La sociedad del antiguo Egipto estaba dominada por la figura del faraón, que debía ser por norma general un hombre. Sin embargo, algunas mujeres de la realeza egipcia pudieron llegar a reinar como faraón, principalmente en momentos de inestabilidad política y crisis dinásticas en los que, digamos, no había un candidato masculino mejor [...].Para los antiguos egipcios era fundamental el respeto a Maat, es decir, el Orden establecido desde el principio del tiempo [...]. Que una mujer fuese faraón no dejaba de ser una ruptura de esa Maat, pero en ciertos momentos fue preferible a que accediera al trono un hombre que no tuviera sangre real y, por tanto, sangre divina. De ahí que ciertas mujeres de la realeza, con el apoyo de determinados cortesanos, accedieran brevemente al trono en tiempos de inestabilidad política.
Otros interesantes artículos que podemos leer en este nuevo número son: La vivienda de los antiguos egipcios, el uso del perfume, la pirámide de Kefrén, o la entrevista a la egiptóloga Rosa Pujol, entre otros. 
Reina faraón Hatshepsut
Recordad que Egiptología 2.0 es una revista totalmente gratuita y online, trimestral, en la que colaboran todo un equipo de expertos en esta maravillosa civilización que fue el antiguo Egipto. Que disfrutéis de la lectura.


martes, 23 de enero de 2018

Ramsés II, el hijo del sol (II parte): Faraón constructor

Rey de Egipto
Durante el tercer mes de shemu de 1279 a.C., en pleno verano, Seti I murió. El heredero, Ramsés II, tenía 25 años y varios hijos que garantizaban la sucesión.
Ramsés en su trono. Los dioses Seshat y Atum inscriben su nombre en la persea sagrada. Ramesseum
Después de los ritos de coronación, Ramsés eligió los nombres de titulación, como era costumbre. En su caso, estuvieron influidos por su admirado Amenhotep III, al cual quería emular para traer de nuevo a Egipto la época de conquistas y esplendor que el imperio egipcio había vivido durante el gobierno de su antecesor:
  • Nombre de Horus: Ka nakht Meri Maat (Toro poderoso, amado de Maat).
  • Nombre de Nebti: Mek Kemet uafjasut (El que protege Egipto y somete a los países extranjeros).
  • Nombre de Horus de oro: User renput aanejetu (Rico en años, grande en victorias).
  • Nombre de Nesut bity (praenomen): Usermaatra Setepenra (La justicia de Ra es poderosa, elegido de Ra).
  • Nombre de Sa Ra (nomen): Ramsés Meriamón (el hijo de Ra, amado de Amón).
El predominio de Amón y Ra, los dioses más importantes del momento, es evidente.
Nomen y praenomen de Ramsés inscritos en cartuchos
Faraón constructor
La principal función del faraón era mantener el Maat u orden en el país. Para ello, el rey debía realizar los ritos diarios en el templo (o en su lugar, los Sumos sacerdotes), las grandes ceremonias como la fiesta de Opet, defender el país de sus enemigos y construir monumentos para los dioses.
Sala hipóstila de Karnak, por R. Lepsius
Ramsés II cumpliría ampliamente con esta última obligación, sobre todo en los primeros años de su reinado. En Egipto, Nubia y Asia, el nuevo rey dejaría su nombre en monumentos de nueva construcción y sobre otros anteriores.
Tras la muerte de Seti I, su hijo se encargó de que se finalizaran las obras que habían quedado sin terminar, como la sala hipóstila de Karnak, el templo funerario de Seti I en Gurna, o el templo cenotafio de la ciudad sagrada de Osiris, Abydos. Aquí Ramsés también construyó su propio templo y se hizo representar en el monumento de Seti I como niño junto a su padre, delante de la larga lista de reyes de Egipto (con la excepción de aquellos condenados a Damnatio memoriae, como Akhenatón) para legitimar una vez más su ascenso al trono.
Lista real de Abydos
En Luxor (Tebas) Ramsés llevó a cabo una ampliación del templo añadiendo un patio y un nuevo pilono, al que precedían un par de estatuas colosales del rey y dos altos obeliscos, uno de los cuales fue trasladado a París en el siglo XIX, como regalo del pachá de Egipto Mohamed Alí a Francia. Fue instalado en la Plaza de la Concordia, donde aún se puede ver en la actualidad.
Patio construido por Ramsés II. Luxor
Pilono de Ramsés II, Luxor
Obelisco de Ramsés II, Plaza de la Concordia (París)
En la orilla izquierda del Nilo, como era costumbre al ser la tierra de los muertos, Ramsés comenzó a construir desde el primer año de reinado su templo funerario o templo de millones de años, más conocido por el nombre que le dio Champollion, el Ramesseum.  Su construcción duró 21 años y llegó a ocupar seis hectáreas de superficie, que además del propio templo funerario también incluían otro templo más pequeño para Nefertari y para la reina madre Tuya, y un pequeño palacio.
Además de funcionar como templo para rendir culto al rey fallecido, el Ramesseum también constituyó un enorme centro económico, administrativo y cultural. A su alrededor se levantaron las viviendas para los sacerdotes, además de talleres, oficinas, una biblioteca y una escuela de escribas (las llamadas "Casas de la vida") y almacenes abovedados para contener grandes cantidades de grano. Según Barry J. Kemp, los almacenes del Ramesseum podían alimentar a un total de entre 17000 y 20000 personas.
Del Rameseo también salían las provisiones para los artesanos de la ciudad de Deir el Medina, encargados de excavar y decorar las tumbas de los reyes.
Además, este templo tenía viñedos donde se cultivaban uvas con las que elaboraban un vino de gran calidad y prestigio.
Reconstrucción del Ramesseum
Aquí se encontró una estatua colosal del rey, derribada en el suelo y rota a consecuencia de un terremoto, que fue conocida desde la antigüedad como Ozymandias (deformación griega del nombre de coronación de Ramsés, Usermaatre). Esta estatua inspiró el poema de Percy Bysshe Shelley:
Estatua de Ramés II conocida como Ozymandias
Conocí a un viajero de una antigua tierra que dijo: <<dos enormes piernas pétreas, sin su tronco, se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena, semi hundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño y mueca en la boca, y desdén de frío dominio, cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos, a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó. Y en el pedestal se leen estas palabras: "Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes: ¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!" Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas>>. 
Reconstruccion del coloso de Ramsés II (Ozymandias). Por Christian Leblanc
En la antigua ciudad de los invasores hyksos, Ávaris, Seti I había construido un palacio, y había también un templo de Seth. Ramsés elegirá este emplazamiento para construir una nueva capital, Per-Ramsés, a comienzos de su reinado. El nombre completo de dicha ciudad sería Per Ramsés aa Nejetu, es decir, "El dominio de Ramsés grande en victorias".
El motivo de trasladar la capital al noreste del delta se debió al creciente interés egipcio en Asia; al estar más cerca de la frontera, el faraón recibía las noticias del este más rápidamente y, en caso de peligro, el ejército también podía actuar con más celeridad. 
Per Ramsés estaba rodeada de agua, lo que garantizaba la fertilidad de sus campos, y también tenía un puerto por el que recibir mercancías. Contaba con un gran palacio y templos dedicados a Ptah, Sejmet, Ra, Amón, el ya mencionado de Seth, y otro para la diosa extranjera Astarté. Los edificios principales estaban unidos por grandes avenidas. La presencia militar dejaba claro el origen estratégico de la nueva capital.
Per Ramsés. Según K. Kitchen
Encontramos una descripción de cómo pudo ser la vida en Per-Ramsés en la carta del escriba Pabasa al escriba Amenemopet:
He llegado a Per Ramsés y la he encontrado tremendamente próspera. Es un lugar de una belleza inigualable, parecido sin embargo a Tebas. Su fundador fue el mismísimo Ra. La vida en la Residencia es agradable; sus campos rebosan de todo tipo de productos saludables, y diariamente está bien abastecida de alimentos. Sus canales están repletos de peces, y los estanques de pájaros; en sus praderas abundan los verdes pastos [...]. Los frutos de los campos cultivados tienen regusto a miel. La cebada y el trigo colman los graneros [...]. En la ciudad abunda cada día la comida, y todos los que en ella habitan se regocijan y no tienen más deseos. En ella, los pequeños son semejantes a los grandes. Ven para que, en su honor, celebremos las festividades del cielo y las del solsticio de las estaciones [...]. Los jóvenes de la ciudad se visten día tras día con ropas de fiesta, el dulce aceite de oliva cae sobre sus cabezas, cuya melena es peinada de nuevo.
Pero la ciudad sería abandonada tiempo después, cuando los canales que la hacían tan fértil se secaron. Faraones posteriores harían trasladar los restos de la capital de Ramsés a la ciudad de Tanis, de modo que actualmente apenas queda nada de la magnífica "ciudad de la turquesa".
Arriba, reconstrucción de la escalera que conduce al estrado de la sala del trono en el palacio de Per Ramsés (Según W. Hayes), que también podemos ver en la recreación de abajo. 
En el país de Uauat (Baja Nubia) Ramsés II dejaría constancia de su poder sobre sus súbditos nubios con la construcción de una serie de templos de tipo speos y hemispeos (es decir, excavados en su totalidad, o en parte, en la roca). Estos templos son:

Templo de Beit el wali: dedicado a Amón Ra, Re Haractes, Anukis y Khnum. En sus muros vemos el dominio y sometimiento de los nubios al faraón, en escenas bélicas y en procesiones de productos exóticos que los súbditos de Nubia entregan al faraón. 

Ramsés II, acompañado de sus hijos mayores, luchando contra nubios
Templo de Beit el Uali. www.temples-egypte.net
Este templo fue comenzado durante el año dos de reinado de Ramsés, por lo que es el primero de sus templos nubios. En la década de los sesenta fue salvado de las aguas de la presa de Asuán, y vuelto a reconstruir junto al templo de época ptolemaica de Kalabsha.

Templo de Wadi es-Sebua: De tipo hemispeos, estaba dedicado a Amón Ra, Ra Haractes y a Ramsés divinizado. Recibe su nombre  (Wadi es-Sebua significa en árabe "Valle de los leones") por la avenida de esfinges que precede a la entrada. Fue lugar de residencia del Virrey de Kush.

Templo de Wadi es-Sebua
Templo de Derr: Tiene similitudes con el gran templo de Abu Simbel, ya que ambos son templos speos, y tienen una planta  y decoración similar. Además, también está dedicado a los dioses Amón Ra, Ra Haractes, Ptah y Ramsés divinizado. El faraón es representado haciendo ofrendas a distintos dioses, pero la decoración fue muy perjudicada cuando el templo fue reutilizado como iglesia por los primeros cristianos. Afortunadamente, este templo también fue salvado de las aguas de la presa de Asuán, y actualmente se encuentra muy cerca del santuario de Amada, de tiempos de Tutmosis III.

Templo de Derr de Ramsés II, situado en Amada. www.nilo.one

Gerf Husein: Aquí se excavó un hemispeos en honor del dios Ptah, Ptah-Tatenen y Hathor. Fue construido por artesanos locales bajo la supervisión del virrey de Nubia, Setau. Tras la construcción de la presa de Asuán en los años sesenta la parte del templo que no estaba excavada en la roca fue desmantelada y reconstruída en Nueva Kalabsha. Por desgracia, la mayor parte del templo excavado en la roca se dejó in situ, por lo que ahora se encuentra bajo las aguas, aunque su estado de conservación no era muy bueno.

Parte del templo de Gerf Husein rescatada
Parte del templo excavada en la roca, hoy bajo las aguas. Dibujo de D. Roberts
Los templos de Abu simbel: inspirándose en los templos nubios de Soleb y Sodeinga, construidos en tiempos de Amenhotep III, Ramsés encargó un ambicioso proyecto a su Virrey de Kush: Debían excavarse dos templos speos al norte de la segunda catarata. El Virrey Iuny eligió dos cerros rocosos, conocidos como Meha e Ibshek, donde se había rendido culto a Hathor. Así, comenzaba la construcción de dos de los templos más famosos de Egipto, al cargo del copero real de origen asiático, Ashahebsed.
En el primero se excavaría el Gran templo de Abu Simbel, dedicado a Amón Ra, Ra Haractes, Ptah y Ramsés divinizado. Su entrada estaba dominada por 4 imponentes estatuas sedentes del rey de 20 metros de altura, al que acompañaban, en menor tamaño, la reina Nefertari, la reina madre Tuya y algunos de los hijos del rey con sus dos primeras esposas.
En su interior, los muros nos muestran al rey como guerrero luchando en Qadesh, y como sacerdote adorando a los dioses.
En Ibshek se excavó el templo pequeño, dedicado a la reina Nefertari (por la que brilla el sol) y a Hathor. Su fachada consta de cuatro estatuas de pie del faraón, y otras dos de Nefertari, que tiene el mismo tamaño que su esposo. A menor tamaño aparecen los hijos de la pareja real.
Gran templo de Abu Simbel
Reconstrucción de  la policromía original del Gran templo
Templo pequeño de Abu Simbel. Sobreegipto.com
Ramsés y Nefertari ofrendando flores a la diosa Hathor
Originalmente, los templos de Abu Simbel estaban situados 60 metros más abajo y 150 metros más al este que en la actualidad. Esto se debe a su traslado en la década de los 60 a una ubicación más alta para evitar que quedaran inundados por la ya mencionada construcción de la presa de Asuán. Con un presupuesto de 40 millones de dólares, varios países colaboraron para salvar los templos de Ramsés II.
Traslado del templo de Abu Simbel
Puedes leer la primera parte "Ramsés, el hijo del sol" aquí.

Bibliografía:
-MENU, BERNADETTE (1998): Ramsés II. Ed. Ediciones B. España, Barcelona.
-DESROCHES NOBLECOURT, C. (1998): Ramsés II, la verdadera historia. Ed. Ediciones Destino. España, Barcelona.
-CASTELLANO, Nuria. "Abu Simbel, el gran templo de Ramsés II". National geographic Historia. 2011, nº 91. Páginas 28-39.
-CASTEL, Elisa. "Ramsés II, el faraón constructor". National Geographic Historia. 2013, nº 111. Páginas 32-43.
-ESTRADA, Fernando. "Ramsés II, el legado del gran constructor". National Geographic History. 2003, nº 1. Páginas 46-59.
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