martes, 20 de noviembre de 2018

La religión en Mesopotamia

Contexto geográfico e histórico
Como nos enseñan en el colegio, la palabra Mesopotamia viene del griego mésos y potamós, es decir, entre ríos. Estos ríos son el Tígris y el Éufrates, que junto con el Nilo y el Jordán formaban parte del llamado "creciente fértil" o "media luna fértil", término acuñado por el arqueólogo James Henry Breasted, de la Universidad de Chicago, por la forma de luna creciente del área geográfica referida. Esta zona es considerada la cuna de la civilización.
Mesopotamia está formada por dos regiones:
  • Alta Mesopotamia: una meseta en la que están encajados el Tigris y el Éufrates.
  • Baja Mesopotamia: una llanura aluvial en la que los dos ríos se dividen en varios brazos y pantanos.

En cuanto al contexto histórico, Mesopotamia se caracterizó por ser la sede de varias civilizaciones, que se fueron sucediendo cronológicamente unas a otras, siendo la primera de ellas la de los sumerios (IV milenio a.C.), considerados los creadores de la escritura cuneiforme, que será adoptada por las civilizaciones posteriores.
En el siguiente cuadro vemos la sucesión cronológica de las distintas civilizaciones que gobernaron Mesopotamia, desde los sumerios hasta la conquista persa:

Características principales de la religión
La religión en Mesopotamia, al igual que otras civilizaciones de su entorno, fue politeísta, puesto que rendían culto a una gran variedad de dioses. Dichos dioses tenían una apariencia antropomórfica y un comportamiento similar al de los humanos: comían, se casaban, se peleaban, tenían descendencia, etc. Pero la diferencia fundamental entre dioses y hombres era la inmortalidad de las divinidades, aunque podían concedérsela también a quien ellos quisieran.
Otra importante característica de los dioses del panteón mesopotamio es que eran seres crueles y vengativos, inmisericordes con el hombre la mayoría de las veces. El mejor ejemplo de esto lo tenemos en el relato del Diluvio (copiado posteriormente en la Biblia) que envió el dios Enlil contra los hombres para exterminarlos por ser demasiado ruidosos y no dejarle dormir. Por tanto, los hombres y mujeres de Mesopotamia no sentían amor por sus dioses, sino una mezcla de miedo, temor y sumisión hacia sus creadores. Y de esto no se libraban ni los reyes, que debían recurrir a los oráculos para saber si los dioses aprobaban cualquiera de sus decisiones, ya fuera una campaña militar, la sucesión, etc.
El poder de los dioses era ilimitado y sobrenatural, de manera que tanto las bendiciones como las calamidades que experimentaba la población a lo largo de sus vidas eran causadas por ellos.
Los hombres fueron creados para ser los servidores de los dioses, por lo cual estaban completamente a su merced y debían procurar mantenerlos contentos, mediante oraciones y plegarias, o sufrirían las consecuencias. Es decir, los antiguos habitantes de Mesopotamia tenían una mentalidad muy pesimista de la vida, ya que creían que cada castigo y enfermedad que padecían estaban justificados, al haber cometido alguna ofensa contra los dioses.
Y al igual que en vida, tampoco eran especialmente optimistas con respecto al Más Allá, pues lejos de verlo como un paraíso de abundancia, al igual que civilizaciones vecinas como la egipcia, los mesopotámicos tenían un concepto de la otra vida muy negativo. El inframundo era un lugar de sombras, donde apenas había alimentos, y al que iban tanto los buenos como los malos.
Este pesimismo estaba causado por el entorno en que vivían, puesto que en una época tan temprana de la historia, las personas dependían totalmente del medio que les rodeaba para subsistir, y una mala crecida podía condenarlos irremediablemente a la muerte.
Demonio Pazuzu (izquierda) y un genio alado (derecha)
Además de creer en los dioses, también creían en la existencia de demonios, genios (como los lamassu) y espíritus que podían ser tanto beneficiosos como maléficos.
Antes de la aparición de la ciencia, todo se explicaba mediante mitos (eclipses, cambio de estaciones, etc.). Ante la incapacidad de entender lo que ocurría a su alrededor, el hombre antiguo recurría a los dioses.
Cosmología sumeria
Dioses mayores y menores:
El panteón de dioses de Mesopotamia era un reflejo de la sociedad, de manera que había un soberano, una familia real, una corte y una serie de funcionarios y ayudantes. Es decir, había unas divinidades mayores o principales y otras menores.
Entre los dioses más importantes encontramos en primer lugar a la llamada tríada sumeria, formada por Enlil, dios del agua, Anu, dios del cielo, y Enki, dios de la tierra. Sin embargo, con el tiempo y las sucesivas conquistas semitas (acadios, babilonios, etc.) esta tríada será sustituida por la llamada tríada semita, que estaba formada por Ishtar (la Inanna sumeria), diosa del amor, la guerra y la fertilidad, Sin, dios de la luna, y Shamash, dios del sol y los astros.
Con el ascenso de Babilonia en el II milenio a.C. va a ir adquiriendo un mayor predominio el dios de  la ciudad, Marduk. Finalmente, acabará por sustituir a Enlil como rey de los dioses.
Es decir, aunque cada ciudad tuviera un dios principal, cuando una nueva cultura se hacía con el control de Mesopotamia lejos de prohibir el culto a los dioses anteriores los adaptaban e incluían en su panteón. De modo que nos encontramos con que algunos dioses tienen dos nombres, el sumerio y el semita (Ishtar/Inanna, por ejemplo).
Dios Marduk y zigurat
Templos, las casas de los dioses:
Como ya he mencionado, cada ciudad tenía un dios patrón al cual se rendía culto para que protegiera y bendijera a sus ciudadanos. Además, esa ciudad era considerada el lugar de residencia de la divinidad (Marduk en Babilonia, por ejemplo), que vivía en el templo. Muchos reyes invertían gran cantidad de dinero en realizar trabajos para mantener, reparar o embellecer la morada del dios o diosa correspondiente.
Pero además de servir de residencia para el dios, el templo también tenía otras funciones: era un centro administrativo, donde había talleres para los ceramistas y carpinteros, lugares de almacenaje o establos para el ganado. Junto con el palacio era el gran polo de poder en la antigua Mesopotamia.
Los zigurats eran las construcciones más características de la arquitectura mesopotámica. Estaban formados por varias terrazas superpuestas, y era sobre la última de ellas donde se asentaba el templo.

Los sacerdotes del dios:
Cada día los sacerdotes se encargaban de realizar una serie de ritos en torno a la estatua divina: la alimentaban, aseaban y vestían e, incluso, la sacaban en procesión durante determinadas festividades religiosas, como la del año nuevo. Estos sacerdotes y sacerdotisas provenían de las familias de clase alta.
Como era habitual en las culturas de la época, la magia y la religión estaban estrechamente unidas. De manera que el sacerdote era al mismo tiempo un mago. Así, surgieron los sacerdotes exorcistas, encargados de expulsar a los demonios que habían poseído a un enfermo, por medio de ritos de purificación.
Por último, no podemos olvidarnos de la llamada prostitución sagrada (III milenio a.C.), relacionada con el culto a la diosa Ishtar, que consistía en el pago a una sacerdotisa para mantener relaciones sexuales con ella; como diosa de la belleza y la sensualidad que era, se veneraba a esta diosa mediante el acto sexual. Las sacerdotisas dedicadas a ello tenían unos horarios fijos de culto, y no eran consideradas simples prostitutas, sino que eran respetadas.
Estrella de Ishtar
Artículo también disponible en Historiae.

Bibliografía:
-www.antiguamesopotamia.com
-.L. MONTERO FENOLLÓS. “Los dioses de Mesopotamia”. Historia National Geographic. 2014, nº 124, pp.32-41.

1 comentario:

  1. Me ha encantado. Un repaso fantástico a las principales características de la religión mesopotámica.

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