domingo, 29 de noviembre de 2015

Reseña: "Sinuhé, el egipcio", de Mika Waltari

Buenas tardes, amigos del templo de Seshat. En la entrada de este mes de noviembre os traigo la reseña de un clásico de la literatura, que debe ser leído por todo aficionado a la historia del antiguo Egipto y a la buena novela histórica: Sinuhé, el egipcio.
Sinopsis
Sinuhé, el egipcio nos introduce en el fascinante y lejano mundo del Egipto de los faraones, los reinos sirios, la Babilonia decadente, la Creta anterior a la Hélade..., es decir, en todo el mundo conocido catorce siglos antes de Jesucristo. Sobre este mapa, Sinuhé dibuja la línea errante de sus viajes; y aunque la vida no sea generosa con él, en su corazón vive inextinguible la confianza en la bondad de los hombres. Esta novela es una de las más celebres de nuestro siglo y, en su momento, constituyó un notable éxito cinematográfico.
Cartel de la película Sinuhé, el egipcio (1954)
Sobre el autor
Mika Waltari fue un escritor, periodista, traductor y guionista finlandés nacido en 1908 en Helsinki. De sus novelas destacan las de género histórico como El etrusco, Marco, el romano o Juan el peregrino; aunque sin duda su obra más conocida es Sinuhé, el egipcio, que fue llevada al cine en 1954.
Además de novelas, también escribió poesía, obras de teatro, guiones para radio y cine, traducciones y cientos de reseñas y artículos hasta su muerte en 1979 a los setenta años.
Sus obras han sido traducidas a más de treinta idiomas.
Mika Waltari (Wikipedia)
Opinión personal:
Sinuhé toma su nombre del protagonista de un cuento egipcio del Reino Medio, que tuvo que huir de Egipto tras escuchar un secreto que no debía; el destino del Sinuhé de Waltari será similar.
Papiro de Berlín 3022, que contiene la "historia de Sinuhé"
La acción transcurre durante uno de los periodos más interesantes y polémicos del antiguo Egipto, la llamada época de Amarna. Comienza con los últimos años de reinado del gran Amenhotep III, sigue con el faraón hereje Akhenatón, y finaliza  con Horemheb, último faraón de la XVIII dinastía, quien mandó borrar los nombres de sus antecesores en el trono, incluyendo al famoso rey niño Tutankhamón.
Al igual que Moisés, Sinuhé es encontrado en una humilde cesta de cañas a orillas del Nilo por Kipa y Senmut, médico de los pobres, que se convertirán en sus padres adoptivos.
Desde el comienzo de su vida, Sinuhé será una persona diferente a los demás, lo cual le hará ser algo solitario y, sobre todo, plantearse preguntas sobre los dioses. Su experiencia en el templo de Amón mientras estudia medicina le hará renegar de ellos, ya que será testigo de la ambición de sus sacerdotes.
Junto a Sinuhé conoceremos a personajes muy diferentes entre sí, algunos ficticios y otros históricos, como el propio Akhenatón, Horemheb, que será amigo suyo junto con Thotmés (escultor del famoso busto de Nefertiti), o la reina madre Tiyi.

Compañero inseparable de aventuras será el esclavo Kaptah, que más que un sirviente será un amigo para Sinuhé, tanto en los buenos como en los malos momentos.
Estos comienzan cuando conoce a una mujer fatal, inspirada en la literatura egipcia (en la cual las féminas suelen ser las causantes de las desgracias, como en "el cuento de los dos hermanos"), la pérfida Nefernefernefer, tan bella que todos repiten su nombre tres veces, pues nefer significa bello. Mediante sus engaños le traerá la ruina a Sinuhé, en todos los sentidos.

Deshonrado al dejar sin tumba a sus padres para complacer los caprichos de su amante, Sinuhé abandona Egipto y comienza un viaje por Oriente Próximo (Mitanni, Siria, Babilonia o el país de los hititas) y la isla de Creta. Conocerá nuevas divinidades y ritos religiosos, se enamorará nuevamente y trabará amistad con reyes extranjeros, al mismo tiempo que sus conocimientos médicos aumentan  gracias a la sabiduría de los médicos de los países que visita.
Decepcionado de los dioses y los hombres, regresará a Egipto y allí será testigo del reinado del polémico Akhenatón y la bella Nefertiti.
En un ambiente de tensión creciente debido a la persecución contra el dios Amón y sus seguidores, Sinuhé volverá a encontrar el amor en la tabernera Merit, y recuperará la fe, esta vez en Atón.
El mensaje de paz e igualdad entre los hombres que defiende el rey (casi como una especie de Jesucristo) cala hondo en Sinuhé, pero despertará los odios del pueblo y, especialmente, del clero de Amón. sobre todo cuando Akhenatón prohíba también el culto al resto de dioses y se niegue a defender las fronteras de Egipto de los hititas.
Recordé como Amón dominaba a los hombres por el miedo y les prohibía preguntar: "¿Por qué?". Recordaba también el dios muerto de Creta y como flotaba sobre el agua corrompida y cuyas víctimas estaban entrenadas para bailar delante de los toros a fin de divertir al monstruo marino. Todos estos recuerdos aumentaban mi odio hacia los viejos dioses, y la luz y la claridad de Atón tomaba un resplandor deslumbrante ante todo el pasado, porque Atón liberaba a los hombres del miedo, y estaba en mí y fuera de mí, y más allá de todo saber, porque era un dios vivo y, como la naturaleza, vivía en mí y fuera de mí, y, como los rayos del sol, calentaba la tierra que se cubría de flores. Pero en la vecindad de Akhenatón este dios era impuesto a la gente, lo cual lo hacía desagradable, y eran muy numerosos los que solo lo servían por miedo y a la fuerza.
De manera que Sinuhé se verá obligado nuevamente a obrar en contra de su ética personal para librar a Egipto de un rey enloquecido, que sin embargo es considerado un genio por otros. Pero el contexto histórico del siglo XIV a.C. hacía imposible que triunfaran sus ideas pacifistas.
Una vez que Horemheb sube al trono, Sinuhé deja de ser necesario y se convierte en un personaje peligroso pues, al igual que su tocayo del Reino Medio, conoce demasiados secretos que comprometen al nuevo faraón.
En un exilio dorado, el ya anciano Sinuhé comenzará a escribir su historia: 
No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos. Escribo para mí solo. No para halagar a los dioses, no para halagar a los reyes, ni por miedo del porvenir ni por esperanza [...]. Es, pues, para mí solo para quien escribo, y sobre este punto creo diferenciarme de todos los escritores pasados o futuros.
Sinuhé, el egipcio es un clásico que debe ser leído por todo buen amante de la novela histórica. A pesar de que el autor cometa algunos fallos históricos (como adelantar en el tiempo el uso de las monedas) no cae en la tentación de incluir en la trama hechos bíblicos o esotéricos, sino que se ciñe al contexto histórico de la época (como la creciente amenaza de los hititas, la construcción de la ciudad de Amarna, o la damnatio memoriae a la que fueron sometidos los reyes Akhenatón, Tutankhamón y Ay por parte de sus sucesores).
A través de las palabras de su protagonista, se desprende un aire de pesimismo y  melancolía a lo largo de toda la novela; algo lógico si tenemos en cuenta el contexto histórico en que lo escribió su autor: la Segunda Guerra Mundial. Estos sentimientos, que debieron experimentar los contemporáneos a este conflicto bélico, son los mismos que tiene Sinuhé dos milenios antes, demostrando que el ser humano no ha cambiado tanto a pesar del paso del tiempo. En palabras de Sinuhé:
Todo vuelve a empezar y nada hay nuevo bajo el sol; el hombre no cambia aun cuando cambien sus hábitos y las palabras de su lengua [...].
Al envejecer he comprendido que, en el fondo, todos los soberanos son iguales y que todos los pueblos son idénticos y que poco importa, en resumen, quién gobierna y qué pueblo oprime a otro, porque, finalmente, son siempre los pobres los que soportan los sufrimientos.

Que el que ha bebido una vez agua del Nilo aspire a volver a ver el Nilo, porque ninguna otra agua apagará su sed.
Que el que ha nacido en Tebas aspire a volver a Tebas, porque en el mundo no existe ninguna otra villa parecida a esta. Que el que ha nacido en una callejuela tebaida aspire a volver a ver esta callejuela: en un palacio de cedro echará de menos su cabaña de arcilla [...].
Cambiaría mi copa de oro por el tarro de arcilla del pobre si tan solo pudiese hollar de nuevo el suave terruño del país de Kemi. Cambiaría mis vestiduras de lino por la piel endurecida del esclavo si tan solo pudiese oír aún el murmullo de los cañaverales del río bajo la brisa de la primavera.
El Nilo se desborda, como joyas las villas emergen de su agua verde, las golondrinas vuelven, las grullas caminan por el fango, pero yo estoy ausente, ¿Por qué no seré una golondrina, por qué no seré una grulla de alas vigorosas para poder volar ante las barbas de mis guardianes hacia el país de Kemi?

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